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miércoles, 28 de octubre de 2015

El Arte de la Antigua Roma: Augusta Emerita

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid


Pasear por el centro histórico de Mérida y ver su riqueza arqueológica te hace comprobar por que esta ciudad es Patrimonio de la Humanidad. Hay que reconocer que Augusta Emerita fue lo romano llevado a su máxima expresión, por algo era una de las ciudades más importantes del Imperio.

Fundada en el año 25 a.C. por orden del emperador Octavio Augusto, la ciudad no dejo de florecer en los siglos siguientes, convirtiéndose en un gran foco de esplendor y cultura del mundo romano. La importancia y grandiosidad de sus imponentes edificios así lo atestiguan.

Monumentalmente hablando, cuando visitas el teatro, el anfiteatro o el circo es como si nos trasladáramos a aquella época, hace 2.000 años, recreando mentalmente como podría ser asistir a una representación en ese emblemático teatro; sumarte a las apuestas por el color azul en el circo, uno de los mayores del mundo romano, con capacidad para 30.000 espectadores; y como no, presenciar un combate de gladiadores y animales salvajes en el anfiteatro, con un aforo para 14.000 personas.

Te sumerges en la perfección y elegancia del arte romano cuando contemplas esos hermosos capiteles de orden corintio del Templo de Diana o del magnífico Pórtico del Foro, los grandes sillares del imponente Arco de Trajano de 15 metros de altura o del Acueducto de los Milagros de 830 metros,  entre otros muchos monumentos que te vas encontrando por toda la ciudad, como las Termas, la Casa de Mithreo, la Casa del Anfiteatro, el Puente sobre el río Guadiana,...

Y como broche de oro, El Museo Nacional de Arte Romano,  una maravillosa e increíble puesta en escena del arte y la cultura romana. 

Mérida, una ciudad para evocar.



Teatro


Anfiteatro


Templo de Diana


Pórtico del Foro


Circo


Arco de Trajano


Entrada anfiteatro


Peristilo


Cabeza velada del Emperador Augusto
Museo Nacional de Arte Romano





martes, 20 de octubre de 2015

La realización de una obra de arte

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid


Siempre que empiezo a pintar un nuevo cuadro se van abriendo momentos varios que adquieren su propia autonomía en la ejecución de la propia obra. Todas esas fases tienen una gran importancia hasta el acabado final, cumpliendo fielmente su misión de impronta.

Ya desde el esbozo a lapicero o carbón, pasando por los lavados de color, hasta el comienzo de dar las primeras pinceladas de pigmentos puros, empiezan a surgir las primeras tensiones por saber cómo quiero orientar realmente la ejecución de la obra, ya que tengo la magnífica manía de cambiar sobre la marcha la idea inicial,  lo cual siempre me crea conflicto. La verdad, me encanta crear dificultades.

Lo más difícil ya se ha superado, ponerse en marcha, y empezar a tener una idea más o menos clara de cómo quiero pintar ese cuadro. Los problemas surgen después, en los días o semanas sucesivas, cuando voy viendo resultados y empiezo de nuevo a hacer cambios en lo preestablecido. No tengo remedio. No consigo que me guste este o aquél color en una determinada parte del cuadro, las líneas dispuestas para un objeto concreto no me convencen demasiado, o sea, vuelve el conflicto.

Cuando finalmente consigo ver unos resultados satisfactorios, me doy cuenta de que me gustaría seguir pintando e insistiendo en determinadas áreas, introducir nuevos enfoques, cambiar algún contenido, ... con lo que la obra podría eternizarse si no es porque decido decir basta en un momento determinado, y darla por finalizada. No sin grandes protestas y resistencias interiores, pues según mi criterio podría seguir trabajando sobre el mismo cuadro mucho más tiempo.

Es curioso, siempre que me preguntan en exposiciones sobre la ejecución de mis pinturas, y les comento que ninguna está totalmente terminada, esas personas se quedan boquiabiertas, pues, a simple vista todas mis obras están completamente concluidas. Por si acaso, el acabado final, el barnizado, lo demoro varios meses.

Ha sido un placer haber compartido en esta entrada algunos detalles sobre mi proceso creativo.













jueves, 15 de octubre de 2015

Mi primera exposición

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid


Corría el año 1977 cuando realicé mi primera exposición de pintura. Era una colección de 24 obras pintadas a la cera, y el lugar elegido fue la Sala de Exposiciones del Centro de Iniciativas y Turismo de Almazán.

Fue mi proyección inicial y oficial en el apasionante mundo del arte. Eran tiempos en los que mi pintura llevaba grabado el signo de la avidez, fruto de mi indagadora inquietud. Tocado de plano por la emoción estética, por el maravilloso entorno vivencial que nos circundaba, mi pintura iba adquiriendo una manera personalísima de expresión. La realidad y el impresionismo definían muy bien mis trabajos de entonces.

En cuanto a la utilización de pintura a la cera, siempre fue ésta una técnica que me produjo grandes satisfacciónes, me gustaba su ductilidad, estabilidad y capacidad cubriente sobre soportes de diferentes papeles duros o rugosos. Y aunque en un principio utilizaba las ceras para esbozos junto a dibujos a lapicero, poco a poco las fui llevando a un terreno de obra pictórica acabada, con unos resultados magníficos.

Me encantaba la textura, luminosidad y acabado que podía conseguir con los dedos embadurnados de esas barras de colores. Además, conseguí adentrarme en el fascinante mundo del color, más allá de los lapiceros de colores que ya utilizaba de niño. Y fue el prolegómeno para descubrir más tarde la pintura rey, el óleo, del que ya nunca me separaría.

Una exposición que siempre recordaré, pues a pesar de mi juventud me arriesgué y conseguí llevar a cabo un proyecto artístico en esos extraños años 70, en los que el arte y sobre todo realizar una exposición, era tarea harto difícil.

 ...


Apenas tengo fotos de esos cuadros, pues la mayoría fueron adquiridos en la misma exposición, pero he querido rescatar para esta entrada alguna foto de los cuadros a la cera que todavía conservo, aunque no todas del mismo año 1977.



Señorita con parasol y perro


Paseantes


Segador


martes, 6 de octubre de 2015

Primera pieza

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

A falta de algún retoque, ya está casi terminada la primera pieza del cuatríptico de mi nueva obra "Desierto", un trabajo muy alegórico y diferente a otros anteriores.

Aunque ultimamente no tengo apenas tiempo para pintar por mis constantes viajes a Almazán,  sigo entregado a mi pintura, y quizá con mayor ímpetu, debido a la rabia que me produce el no poder dedicarme por entero a mi Arte debido a las responsabilidades.

Para mi, la inspiración es clave a la hora de crear una nueva obra de arte, pero el trabajo que lleva ejecutarla necesita también una preparación y una disciplina que se refleja en este nuevo proyecto, donde se puede apreciar la capacidad de superación en tiempos adversos.

Este trabajo es una composicion que consta de cuatro lienzos individuales, unidos todos ellos por una estructura sucesiva de imagenes que van marcando diferentes fases del tiempo en cada uno de ellos, y dependiendo de cada estadio voy introduciendo diferentes elementos estetico-simbólicos, que lo vinculan con la realidad en un mundo irreal.

En fin, todo un reto.