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viernes, 11 de agosto de 2017

El color en mi pintura

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid


Desde que era ya un niño me ha obsesionado el color como un medio para descubrir cosas. Por eso, mi pintura es principalmente color. Y el color ya expresa algo por si mismo, se plasman ideas, realidades, conceptos con solo dar unos brochazos de pigmento a un medio.

Me gusta expresarme a través del color, representar las diferentes atmósferas que pinto por la sola combinación de colores, colores intensos, puros, sin mezclar, colores extremos, como esos maravillosos ocres y amarillos, los colores verdes de la vida, los azules profundos, los rojos de la tierra,...

Y junto al color, la luz. La luz del sol y los colores del arco iris crean la belleza inigualable de este planeta.  La luz y el color son inseparables. Vivimos rodeados de colores por todas las partes, y sin embargo a veces estamos ciegos, sólo vemos la monotonía de los grises. Se está perdiendo la percepción visual de lo que nos rodea. No soy pintor de blancos y negros.

A veces cuando paseo por la naturaleza y encuentro la armonía y el equilibrio en un enclave que llama poderosamente mi atención, como un campo de girasoles o un manto interminable de amapolas, un cielo rosado al atardecer o un tronco solitario, siento la necesidad de transmitirlo a mis lienzos, siempre dando una gran importancia a la energía y al simbolismo del color que me transmite ese preciso instante.

He observado que, con el paso de los años, los colores de mis cuadros son cada vez más intensos, es curioso, pues tendría que ser al contrario. Sera mi forma particular de pintar y de aplicar los colores. Ya lo dijo Oscar Wilde: "El arte es la forma más intensa de individualismo que el  mundo ha conocido".

La importancia y el poder simbólico del color siempre formó parte de nuestra cultura desde las primeras manifestaciones artísticas. Ya escribí sobre este tema en el siguiente enlace:



Solitary tree on a road
Oil on canvas

viernes, 26 de mayo de 2017

Treasures of The Hispanic Society of America en Madrid

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid


"The windows of an art museum should be pictures", palabras de Archer Huntington, fundador de la Hispanic Society Museum & Library de Nueva York, que expresan de forma sencilla y clara la idea de lo que es en realidad un museo, y en su caso, condensar y expresar el alma de España en un gran espacio museístico.

Y es precisamente esta idea la que me permite introducirme en la excepcional exposición que ha organizado el Museo del  Prado con más de doscientas obras de la Hispanic Society, y tener la posibilidad y el privilegio de contemplar un museo dentro de otro.

La Hispanic Society posee la colección de arte hispánico más importante del mundo fuera de España. Y esta exposición quiere precisamente dar una idea global de lo que es y representa la cultura española a través de siglos de historia, con piezas que abarcan del año 2000 a.C al siglo XX. 

Expuestas cronológicamente, se muestran desde pinturas, dibujos y esculturas, piezas arqueológicas, cerámica, joyería y orfebrería, artes decorativas y textiles, hasta los valiosos manuscritos y documentos de su biblioteca, también una de las más importantes del mundo.

Es muy difícil destacar una obra en concreto de la exposición, pues todas las piezas son excepcionales e imprescindibles, representando momentos muy importantes de la historia de España. Y aunque siempre nos gusta tener en mente obras maestras famosas, como por ejemplo el retrato de la Duquesa de Alba, de Goya, o el retrato del Conde-Duque de Olivares, de Velázquez, no puedes dejar de admirar el Mapamundi de Juan  Vespucci, el bote de marfil de Madinat-al-Zahra, el torso de Diana cazadora, o el broche de cinturón visigodo, por poner algún ejemplo.

Y de la America Hispana es impactante y sobrecogedor el conjunto escultórico de Las Postrimerías del hombre.

Una exposición única, estimulante, esencial e imprescindible.


Este año The Hispanic Society of America ha sido premiada con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2017, en reconocimiento a una institución dedicada a coleccionar, conservar estudiar, mostrar, estimular el conocimiento del arte, la historia y la literatura  de España. 





miércoles, 10 de mayo de 2017

Piedad y terror

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid

Pocas veces una exposición puede despertar en nosotros tantos sentimientos diversos y encontrados al mismo tiempo, me refiero a la exposición que ha organizado el Museo Reina Sofía sobre Picasso  centrada en su obra Guernica, y cuyo título ya presupone un anticipo de lo que nos vamos a encontrar: "Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica".

La exposición reúne más de 170 obras del pintor malagueño, en las que se puede apreciar la compleja fuerza creadora del artista y su infinita obsesión por plasmar el terror y lo monstruoso en las formas representadas.

Observando detenidamente el Guernica a una cierta distancia, lo primero que llama la atención, aparte del patetismo y el horror en blanco, gris y negro que emana, es la confusión y complejidad de objetos que pueblan la escena, una saturación que en un principio puede parecer caótica, pero que cuando te vas adentrando en ella va tomando sentido, descubriendo lo que es una especie de habitación que se va derrumbando poco a poco a su alrededor, dentro de una estructura piramidal.

Los personajes (mujeres y animales) que la pueblan son todo un compendio del horror y la muerte inminente que les espera. Es una gran escena trágica. Posiblemente sea ésta una de las representación más apocalípticas jamás representada en el arte.

Terminaré alabando el titulo elegido de la exposición, pues es verdad que cuando contemplas el Guernica una ola de horror te invade totalmente, pero también sientes la piedad y la compasión. Piedad y terror.



Pablo Picasso. Guernica. 1937
Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

jueves, 27 de abril de 2017

El bosque encantado II

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid


Puede decirse que la pintura es esencialmente un elogio de lo que se pinta. Por eso, a mi me encanta pintar cuadros de árboles, tratando de representarlos además con un cierto significado alegórico, desnudando al máximo la imaginación.

Con esta nueva obra lo que he pretendido ha sido captar la simbiosis que existe en los bosques, en el que la relación estrecha de todos sus habitantes contribuye a que funcione su ecosistema, ayudándose mutuamente. Y los árboles son precisamente un símbolo del equilibrio. Sin ellos, todo se viene abajo.

Desde la niebla del fondo, hasta la nitidez del primer plano podrás comprobarlo.

Y aunque podría seguir trabajando en esta obra, añadiendo y pintando nuevos detalles, creo que ha llegado el momento de dejar los pinceles y firmarla. Han sido varios meses de trabajo, y ahora, por fin, la veo prácticamente acabada. Llega un momento en que a las obras hay que abandonarlas para empezar otras nuevas.

Deja volar tu imaginación, adéntrate en este bosque, busca los detalles escondidos, aprecia  la fuerza de sus colores,... y siéntete libre.




El bosque encantado II
Óleo sobre lienzo
54x73cm.


Algunas fotos del proceso creativo:













Todas las fotos están hechas con mi iPad


viernes, 31 de marzo de 2017

Budapest en el Thyssen

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid

Una exposición magnífica la organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, dedicada a obras maestras de dos grandes museos de Budapest: el Museo de Bellas Artes y la Galería Nacional de Hungría. Y como dice el propio museo, una exposición que llega en un momento idóneo para celebrar el 25 aniversario de la creación del Museo Thyssen en Madrid, reivindicando además los orígenes húngaros del apellido Thyssen-Bornemisza.

Recorriendo las salas de la exposición he reconocido alguna obra que ya había contemplado in situ cuando viajé a Budapest hace un tiempo y visité sus museos. Con lo cual, la exposición ha tenido un doble significado para mi, por un lado recordar el inolvidable viaje que hice a la capital magiar y al mismo tiempo tener la oportunidad de contemplar estas obras maestras en dos diferentes espacios museísticos.

La selección de obras es excelente, contando con una gran representación de pintura española, entre las que destacaría  La Magdalena penitente de El Greco, El Almuerzo de Velázquez o La aguadora y El afilador de Goya

Observando el dibujo Estudios de patas de caballo de Leonardo da Vinci me quedé fascinado, como asimismo apreciando la bellísima pintura de Bellotto El Arno en Florencia. Y mi ya natural predilección por la pintura holandesa me llevó a permanecer largo rato mirando El invierno, La primavera, El verano y El otoño de Jacob Grimmer.

Contemplar Salomé con la cabeza de San Juan Bautista de Cranach el Viejo me trajo también bonitos recuerdos de otro museo europeo, el Sternberg Palace de Praga, que visité el verano pasado, y en el que se estaba exhibiendo "Cranach from all sides", una gran exposición sobre este pintor alemán.

En cuanto al arte húngaro del siglo XIX, ya cuando visité la Galería Nacional de Hungría se me quedó inmortalizada en la retina la pintura de János Vaszary La Edad de Oro, presente en esta exposición, y que me trajo una nostálgica evocación. Inolvidable El bizcocho de semillas de amapola de Adolf Fényes.

Una oportunidad única, de asistencia inexcusable, para visitar el Museo Thyssen y poder contemplar noventa obras maestras de los museos de Budapest. 





miércoles, 28 de diciembre de 2016

La última obra

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid

Aunque se me ha estado resistiendo, por fin estoy consiguiendo sacarla adelante. Es mi última obra al óleo. Un cuadro que he querido hacer para recordar y en cierta manera emular a aquella otra pintura  que se quedó en tierras americanas de Arizona hace ya más de veinte años, "El bosque encantado".

Este nuevo bosque no está tan encantado como aquél, pero posee más fuerza y simbolismo. Si en aquél predominaban los amarillos, en éste serán los verdes los protagonistas. Y antes de que finalice el aciago año 2016, quiero dar un impulso esencial  a este trabajo, adentrándome en un bosque nebuloso para intentar descubrir el camino que oculta.

Los colores puros de  mi pintura, ocres, amarillos, verdes,... han ido evolucionando con los años y se han intensificado, encendiéndolos todavia más en esta etapa presente. Por otra parte, nunca he tratado de copiar o imitar la naturaleza tal como es,  pues ésta es tan sublime y perfecta que es imposible de imitar. Sólo trato de reflejarla tal como yo la veo y la siento, simplificándola. Es una cuestión de sensaciones.

Mis cuadros son una auténtica reflexión sobre mi mismo.



En mi estudio 


"El bosque encantado"

jueves, 15 de diciembre de 2016

La mirada de Boira

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Boira

Llegó a casa con apenas cinco días, abandonada en un contenedor (¡cómo no!). La crié a biberón. Y creció segura entre esas manos que le daban calor y seguridad, estableciéndose entre los dos un vínculo indestructible. Todo su mundo giraba alrededor mío, nunca se separaba de mi.

El pasado mes de mayo cumplió 10 años, y durante todo este tiempo se ha ido convirtiéndose en una auténtica belleza de su especie, una gata leal, inteligente, valiente y de mucho carácter.

Y ahora, que ve que todo se está derrumbando a su alrededor, se ha convertido en extremadamente protectora conmigo. No soporta mis silencios, mis males, mis cambios, mis dolores, no quiere verme sufrir. Lleva muy mal mis ausencias obligadas, mis miedos, mis constantes enfados y mal humor, aspectos  que de un  tiempo a esta parte se han convertido en más que habituales en esta vida que es más que vida.

Se pasa todo el día detrás de mí, como alma en pena, saltando encima en cuanto tiene ocasión, como queriéndome transmitir su energía y su fuerza. Pero lo que más me conmueve es su mirada, sobre todo por las noches cuando me acuesto y me pongo a leer, y se sube y se coloca sin dilación alguna encima de mi, en el reducido hueco que queda entre el libro y mi cara. Se tumba de forma recatada y ronroneando me mira profundamente, sin apartar su mirada de la mía. Yo creo que ella sabe que lo esencial es invisible a los ojos.

No es normal que un gato te mantenga la mirada fijamente mucho tiempo, pues en su lenguaje esto significa desafío, pero ella lo hace, segura y confiada de a quien mira. Su mirada emite tranquilidad, serenidad, paz.

En esos momentos me vienen a la memoria lo feliz que era en la enorme terraza de la anterior casa, llena de plantas, donde ella solía tomar el sol, esconderse detrás de los enormes macetones de aucubas cuando regaba, trepar por el olivo o el prunus, pisar la nieve en invierno,... y atacar a las odiosas tórtolas que osaban posarse en su amada madreselva. En la nueva casa no hay terraza.

Cuando estoy en mi estudio pintando, se pasa horas y horas velando mis movimientos con los pinceles, curioseando los lienzos, los óleos, le gusta que la fotografíe con mis cuadros, hasta que se queda dormida, pero siempre con las orejas alerta detectando el menor ruido que yo pueda hacer.

Algunas personas que lean este artículo se sentirán asombradas, incluso abrumadas, con lo que escribo, y se preguntarán cómo es posible que existan unos sentimientos tan fuertes entre un humano y un gato. De seguro son personas que nunca se han dado la maravillosa oportunidad de tener en casa a un amigo gato o perro. Su incondicional lealtad, amistad y amor no tiene límites.

En fin, puede que la mirada de Boira consiga devolverme algo de esa emoción sosegada perdida hace ya mucho tiempo, ya que las esperanzas se apagaron. Porque no solamente se trata de ver, sino también de mirar.

Ahora mismo, mientras escribo, ella está tumbada en mi regazo, mirándome embobada, con las Variaciones Goldberg escuchándose al fondo...



Aprovecho la ocasión para alzar mi voz en defensa de tantos perros y gatos abandonados en nuestro país. Antes de abandonarlos piensa en la satisfacción de cuidarlos y protegerlos. Para ellos tu eres su héroe, su amigo, su mundo, y te darán tanta lealtad, amor, amistad, energía positiva, protección, bondad,... que te harán sentir una mejor persona y además reconocida. Sólo te necesitan a ti, y es bueno saber que unos seres maravillosos te necesitan sin pedir nada a cambio. No los abandones.




lunes, 5 de diciembre de 2016

Cuidadores, una palabra valiente

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Almazán


Fue un sábado del pasado mes de noviembre cuando, en un momento determinado de la tarde y sin mediar palabra, mi madre me cogió las manos, se las llevó a los labios y me las besó, y con sus ojos llenos de lagrimas me dedicó una mirada, y en ella pude ver toda la gratitud del mundo reflejada en ellos.

De alguna forma, en su mundo, ella sabe que yo estoy siempre cerca de ella, protegiéndola y velando por su seguridad y bienestar, y quizá quiso dejar constancia de lo feliz que es cuando paso unos días con ella cuidándola en Almazán.

Este es un buen momento para hablar de los cuidadores, aquellos que dedican gran parte de su tiempo y de su vida a cuidar de sus familiares en estado de dependencia, facilitándoles vivir en su entorno. Decir que son los olvidados, los incomprendidos, no tienen reconocimiento ni agradecimiento alguno, son personas exentas de galardones, que se mantienen en silencio,... pero cuando se recibe un tributo como éste de la persona a la que cuidas, es cuando realmente valoras la satisfacción personal de realizar una misión con una fuerte carga emocional. El cansancio desaparece, te sientes reconfortado y con fuerzas para seguir adelante.

Es triste decir que el trabajo de cuidador es prácticamente invisible en nuestra sociedad, son personas que viven casi en la clandestinidad, apenas se les tiene en cuenta ni por las administraciones, ni por el entorno inmediato que les rodea, no son valorados. Son personas que se dejan la piel por los que cuidan, pasando tantas noches en vela, teniendo tantos momentos de frustraciones en soledad, con inevitables secuelas físicas y psíquicas. 

Pero su trabajo es todo un ejemplo a seguir: cuidar, dar consuelo e intentar hacer feliz a los que realmente importan en esta sociedad  tan arbitraria.

Estas palabras van dedicadas a todas esas personas, anónimas en su gran mayoría, que dedican su tiempo y su vida a ayudar a los que lo necesitan, a los que no pueden valerse por sí mismos, a los que sufren, la mayor parte de las veces en entornos familiares difíciles y de gran necesidad, con pocos recursos materiales y económicos, y que sin embargo están ahí, haciendo un trabajo digno de admiración, y que nuestra sociedad se empeña en no reconocer, ni valorar.