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lunes, 24 de junio de 2013

Tradición ancestral en Almazán: el Zarrón

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Almazán

Nunca deja de sorprender a propios y extraños la repentina visión de unos extraños personajes barbados vestidos de cuero y albarcas, tocados con unos sombreros sembrados de plumas de buitre, y que portan las llamadas "zambombas", las cuales consisten en un bastón del que pende una especie de tralla acabada en un saco de lana prensada con el que aporrean a cualquiera que se acerque a su comitiva. Me refiero a los "Zarrones" de Almazán. Acontecimiento que tiene lugar durante las Fiestas de San Pascual Bailón (un santo del siglo XVI, que antes que fraile franciscano fue pastor) que se celebran los días 17 y 18 de mayo, y cuya Cofradía fue creada en 1816  en Almazán por pastores y ganaderos.

Todo un ritual de origen pastoril, cuyos orígenes parecen incluso entroncar con las propias fiestas lupercales romanas, en donde los "Lupercos" salían por la ciudad azotando con unas cintas de cuero a todo el que se encontraba a su paso, identificándose con un acto de purificación. Aunque existen varias interpretaciones etnológicas  para la figura del Zarrón, particularmente me quedo con la que hace referencia a su función benefactora de defensor de rebaños y pastores en sociedades ganaderas primitivas, derivando, con el paso del tiempo, a esa figura entrañable que hoy conocemos.

Son fiestas en las que el folclore adquiere un gran protagonismo. Durante la procesión del santo, doce parejas de danzantes (antiguamente eran sólo hombres) vestidos con los trajes típicos de la Ribera del Duero bailan con un movimiento lateral durante todo el trayecto  al son de la "Danza del Tío Zarrón", cambiando de castañuelas a palitroques varias veces. Estas danzas de paloteo tienen, sin duda, muchas connotaciones ancestrales, siempre emparentadas con ritos paganos, no sólo en España, sino también en otros muchos países europeos.

En el caso de Almazán, las danzas de paloteo son realmente una auténtica belleza plástica en su ejecución, quedando plenamente de manifiesto la perfecta armonía de los danzantes en unos simples movimientos laterales, siguiendo fielmente el ritmo que marca el "palillero" con una especie de castañuela de madera enorme, y al son de dulzainas y tamboriles.

En todo el recorrido, los zarrones van protegiendo el cortejo, repartiendo zambombazos a diestro y siniestro a todo aquél osado que se atreve a acercarse,  sobre una lluvia de caramelos que es lanzada constantemente para que los asistentes más atrevidos demuestren su destreza en esquivar las zambombas zarroneras.

De todas formas, por mucho que quiera explicarlo, es bastante difícil hacerse una idea real de lo que es esta celebración. La única manera es verla in situ. Puedo asegurar que a nadie dejará indiferente.

Conservar las tradiciones más antiguas de nuestros pueblos y villas, mantener viva la cultura ancestral de estas tierras castellanas, rescatando del olvido costumbres del pasado, es algo que enriquece nuestras vidas y nos da una seña de identidad frente a una sociedad cada vez mas carente de valores culturales y referentes históricos.

En definitiva, una fiesta sumamente interesante que hunde sus raíces en la noche de los tiempos, poseedora de una fuerte carga de simbolismo y ritual, y que además tiene un enorme arraigo popular. Una fiesta que debería ser declarada de Interés Turístico Nacional.

"Tío Zarrón, Tío Maragón, las sopas de leche que ricas que son".



Estos son unos vídeos que tomé el pasado 18 de mayo, donde se puede apreciar las danzas de paloteo y castañuelas:





sábado, 9 de febrero de 2013

Las Tablas de Almazán

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

En ocasiones, el  imprevisto hallazgo de algo que te hipnotiza completamente, y que te hace sentir emociones intensas (como sólo la contemplación de una obra de arte puede hacer), es motivo más que suficiente para dedicarle unas lineas.

En este sentido, centrándome en mi último viaje a Soria, para visitar Numancia y el Museo Numantino, tuve la agradable sorpresa de descubrir en una de las salas de este museo, especialmente habilitada para ello, una exquisita  obra de la pintura gótica. Me refiero al llamado "Tríptico de Almazán", atribuido al genial maestro de la pintura primitiva flamenca Hans Memling (1440-1494).

Saborear sus detalles, detenerme en la observación de sus pinceladas, descubrir la delicadeza de algunos rasgos, encontrar trazos apenas visibles,... me hicieron sentir un auténtico privilegiado, y más, sabiendo que esta obra procedía de Almazán, cuyo Ayuntamiento es el propietario, y que en un futuro próximo se expondrá en su emplazamiento definitivo, una sala habilitada en el Palacio de los Hurtado de Mendoza de Almazán.

Lo que se conserva de este magnífico trabajo pictórico son las dos alas que cerraban lo que en su día fue un tríptico, faltando su parte central, hoy desaparecida. Son de madera de roble, pintadas al óleo y doradas. En el ala derecha está representada Santa Isabel de Hungría y en la izquierda San Pedro Apostol. En la parte exterior, o sea cuando el tríptico está cerrado, lo que se observa son las figuras franciscanas de San Francisco de Asís en el batiente izquierdo, y San Bernardino de Siena en el derecho.

El Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Simancas, es el que ha llevado a cabo la restauración, además de un estudio multidisciplinar y de conservación de la pintura, así como un exhaustivo examen de  investigación que ha utilizado técnicas de análisis como la reflectografía o la fluorescencia de rayos x, que han sacado a la luz detalles propios de la pintura de Memling. Entre estos, destacar la pincelada de determinados rasgos anatómicos, como los pies, las manos y las pupilas de los personajes.

Es realmente una delicia observar la representación de Santa Isabel de Hungría, vistiendo el hábito franciscano debajo de la capa y sosteniendo en su brazo izquierdo la túnica de San Francisco, dentro de un espacio interior, con un suelo de mosaicos y grandes ventanales de arcos que se abren a un horizonte donde de pueden apreciar en la lejanía a dos personajes, uno de ellos una religiosa, en un edificio de construcción tipicamente flamenca, y que podría tratarse de un convento o algo parecido.  En el caso de San Pedro, el interior muestra los mismos mosaicos y arcadas, mientras que el horizonte está formado por un paisaje montañoso, y se representaría como fundador de la Iglesia de Roma.

En cuanto a su ubicación en Almazán, las tesis históricas nos llevan directamente a la época de los Reyes Católicos, y a sus continuas estancias en esta villa, entre 1474 y 1498, residiendo junto a su Corte en el Palacio de Antonio Hurtado de Mendoza. En primer lugar, lo que está claro, es que el estudio de los materiales y las técnicas utilizadas permiten ratificar, sin lugar a dudas, que es una obra de importación realizada en los talleres de Flandes, los cuales contaban en esa época con importantes encargos de los Reinos Hispanos. Esta obra está datada hacia 1480.Y en segundo lugar, Hans Memling fue uno de los pintores favoritos de Isabel la Católica, que unido al hecho de la especial adhesión de la reina a la observancia franciscana, parece más que evidente su procedencia.

Es curioso el hecho de que hace apenas unos meses estuviera visitando esta zona de Flandes. Me refiero a la maravillosa ciudad de Brujas (Bruges), donde Memling vivió desde 1465 hasta su muerte en 1494, y donde pintó la mayoría de sus obras. Y es en esta ciudad donde se encuentra el Museo Memling, ubicado dentro del Sint-Janhospitaal, uno de los museos más bonitos que he visto en mi vida. Aquí se exponen 5 de las más exquisitas obras de este genial pintor. Entre ellas el "Tríptico de San Juan Evangelista y San Juan el Bautista"(1474-1479), pintura que su sola contemplación te deja absorto. Guardando las distancias, se pueden observar ciertas similitudes con el estilo del "Tríptico de Almazán".

En definitiva, una auténtico descubrimiento para los amantes del arte, y para todas aquellas personas que saben emocionarse ante determinadas percepciones. Y mi enhorabuena al Ayuntamiento de Almazán, por hacer posible esta exposición, y su ubicación permanente en la villa, para que todo el mundo pueda apreciarla.











Portada del catálogo de la exposición en el Museo Numantino de Soria



Interior del catalogo con la recreación de una ficticia tabla central






miércoles, 2 de mayo de 2012

El martirio del arzobispo de Canterbury en Almazán

Eduardo Beltrán García de Leániz / Madrid


Entre los innumerables e interesantes atractivos que tiene la villa de Almazán se encuentra la iglesia románica de San Miguel, del siglo XII. Un edificio realmente cautivador, tanto por motivos arquitectónicos como asimismo por sus singularidades.

En este último sentido me voy a detener, ocupándome de un aspecto bastante insólito a mi juicio. Se trata del frontal de un altar lateral de la iglesia, donde se representa en piedra el martirio de Tomás Becket, arzobispo de Canterbury, asesinado el 29 de diciembre de 1170. Aunque en un principio la representación del martirio de este santo inglés en una iglesia de Almazán pueda parecer fuera de lugar, tal vez no sea algo tan al azar. Recordar que este hecho histórico tuvo lugar en el tiempo en que en Castilla reinaba Alfonso VIII, el cual se casó con la princesa Leonor de Plantagenet, hija de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania, cuyo arzobispo y lord canciller era Tomás Becket.

Tomás Becket, para quien la conciencia del deber era su principal norma, fue un acérrimo defensor de la libertad de la Iglesia frente al poder terrenal representado por el rey. Gran amigo del rey en un principio, hasta que, nombrado cabeza de la Iglesia en Inglaterra, se opuso tajantemente al enfeudamiento de la Iglesia por el Estado y a su segregación de Roma, que era lo que al final pretendía ciertamente el rey. Un largo proceso se inicia contra él, son célebres sus palabras: "Después de Dios, mi único juez es el Papa". El propio Papado llego a poner en entredicho el reino de Inglaterra. Un destierro de seis años en Francia y su vuelta a Inglaterra en diciembre de 1170, culminaran con el sacrílego asesinato en el interior de la Catedral de Canterbury, entre los altares de la Virgen y San Benito. Tomás, cayendo de rodillas, y antes del golpe fatal, pronuncia sus últimas palabras: " Muero gustoso por el nombre de Jesús y la defensa de la Iglesia".

Una frase pronunciada por Enrique II en esa Navidad de 1170 fue el detonante de este crimen: "¿...no hay nadie en mi reino capaz de vengar mi honor y librarme de ese cura insolente?", fue interpretada como una orden real para que cuatro caballeros del rey llevaran a cabo el asesinato.

Este hecho supuso un acontecimiento muy importante y tuvo una gran repercusión en toda la cristiandad de esa Baja Edad Media, produciéndose una ola de indignación en toda Europa occidental. Apenas tres años después, Tomás Becket fue nombrado santo, y el propio instigador del crimen, Enrique II Plantagenet, fue caminando descalzo hasta la Catedral de Canterbury para caer de rodillas frente al sepulcro de su víctima.

Leonor de Plantagenet (como anécdota diré que era hermana de Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra) llegó a Castilla en septiembre de 1170 para contraer matrimonio con Alfonso VIII, quien le dio en dote varias ciudades, entre las que se encontraba Soria. Es tal vez por este motivo, es decir por la proximidad y la influencia de esta reina en la difusión de un santo natal de sus tierras de Inglaterra, que en Almazán se esculpiera este altar en honor a Santo Tomás de Canterbury. En esta misma línea, la reina Leonor también ordenó edificar en la catedral de Toledo una capilla dedicada a Tomás Becket,  hoy desaparecida. 

El altar en cuestión forma parte de una capilla perteneciente al absidiolo izquierdo de una de las naves laterales de la iglesia. A pesar de que esta pieza escultórica rectangular está bastante deteriorada, se puede apreciar que fue ejecutada por un gran maestro cantero de la época, que representó la escena dividida  en dos momentos diferentes del martirio. A la derecha se puede observar,como escena principal, al santo arrodillado, con las palmas de la mano abiertas (en señal de inocencia) recibiendo el golpe fatal. Uno de los cuatro caballeros armados (que lucen cotas de mallas en forma de espiguillas contrarias en varios niveles) clava su espada en el cuello del mártir. La representación de un rostro infantil rodeado por un paño sostenido por ángeles puede sugerir la idea del alma del santo subiendo a los cielos.

La parte izquierda está más deteriorada, y se pueden apreciar entre nubes unos ángeles turiferarios que parece que están ensalzando la figura de Tomás Becket. Muy curiosa es la presencia de otra figura más pequeña, cuyos ropajes insinúan pliegues perfectamente anatómicos, y que lleva una filacteria, es decir, es el portador de un mensaje, que quizá sea la condición de santidad del mártir inglés.

La pieza en si, tiene una gran armonía y belleza, y si no fuera por el deterioro que sufre, quizá se podría  encontrar alguna pista fidedigna que nos indicara el taller cantero de procedencia en ese periodo románico de la segunda mitad del siglo XII.

Es, por tanto, un requisito esencial, que las personas que visiten el templo de San Miguel se detengan el tiempo necesario para contemplar este maravilloso fragmento de la historia adnamantina, que nos evoca hacia unas épocas lejanas,  legendarias, de maestros de la piedra, de constructores de iglesias y catedrales. En definitiva, hacedores, muchos de ellos anónimos, de un arte imperecedero a través de los siglos. Un pequeño rincón, de los tantos que tiene  de la villa medieval de Almazán, cargado de historia.





Altar con el martirio del arzobispo de Canterbury. Almazán
Tomada el 8 de abril de 2012


Absidiolo de nave lateral de San Miguel. Almazán
Tomada el 8 de abril de 2012





miércoles, 11 de abril de 2012

Las campanas de San Miguel

Eduardo Beltrán y García de Leániz  /  Almazán


Domingo de Pascua del 2012
(Grabado con el móvil)


Escuchar el tañido de las campanas a cualquier hora del día era, hasta no hace muchos años, algo habitual en los pueblos y villas de estas tierras de España. Era un sonido cotidiano, familiar, que emanaba de las torres y campanarios de nuestras iglesias, y que a lo largo de su historia ha tenido varias connotaciones, siendo la religiosa su principal misión, invitándonos a un recogimiento espiritual. Pero, también ha tenido una implicación civil o profana, como era el caso de alarma ante cualquier peligro (invasión, fuego,...), aparte de señalarnos las horas del día.

Las campanas han sido a lo largo de los siglos un auténtico sistema de comunicación.

El campanario y la campana siempre han tenido un contenido simbólico. Desde las aberturas en lo alto de las torres vierten sus sones hacia los cuatro puntos cardinales, haciéndonos partícipes de sus diferentes estados de ánimo.

Lo cierto es que el sonido constante de las campanas se ha convertido en una reminiscencia del pasado en muchas partes de nuestro país, convirtiéndose en meros testigos estéticos de una plaza o una calle, silenciada su estruendosa melodía de percusión musical que nos hacia sentir vivos y soñar con momentos celestiales.

Es por este motivo que me llamó poderosamente la atención que el pasado domingo, Domingo de Pascua, escuchara el repiqueteo incesante de las campanas de la iglesia de San Miguel en Almazán. Tenían un motivo, la Procesión del Encuentro (recuperada después de muchos años sin celebrarse), que tiene su principal acto en la Plaza Mayor, al encontrarse la imagen de Cristo Resucitado con la de la Virgen de las Albricias.

Fue un auténtico placer escuchar de nuevo ese mágico sonido olvidado durante la mayor parte del año, que nos traslada a esos lejanos días de la infancia, que la memoria y el tiempo tratan de desdibujar.



Iglesia de Santa María. Almazán
Óleo sobre lienzo adherido a tabla
2011



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Vídeo de la Bajada de Jesús de Almazán 2011. La Traca

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid


Vídeo que tomé el 4 de septiembre de 2011 a las 22:00 horas, en el cual podrás comprobar el maravilloso despliegue pirotécnico que se hace en honor de Jesús Nazareno dentro de las Fiestas Patronales de la Bajada de Jesús de Almazán. Realmente impresionante aunque esté realizado con un móvil.

Cuenta la tradición que esta imagen de Jesús Nazareno tenía fama de milagrosa, por lo que los sorianos llegaron a Almazán para llevársela en procesión hasta Soria y dejarla allí. Pero he aquí que aconteció que cuando se la estaban llevando y al tratar de cruzar el puente, la imagen de Jesús se quedo parada y no pudieron moverla.

Y en ese mismo lugar donde se paró, la villa de Almazán le construyó una ermita, justo al comienzo del puente, para rendir homenaje a Aquél que no quiso dejar Almazán. 

En esta ermita permanece todo el año hasta el comienzo de las Fiestas en las que una semana antes se celebra la procesión de la Subida de Jesús hasta la iglesia más alta de Almazán, Nuestra Señora de Campanario con su triple ábside románico del siglo XII. 

Y el primer domingo de septiembre se celebra la Bajada de Jesús, procesión que al llegar a la Plaza Mayor es ofrendada con la famosa Traca, que podéis ver en el vídeo. Al llegar a la Puerta de la Villa, se da la vuelta a la imagen de Jesús, y hace de espaldas todo el trayecto hasta su ermita, siempre mirando a Almazán.



Pintura de La Ronda expuesta en las Fiestas de Almazán

miércoles, 17 de agosto de 2011

A la Ilustre Villa, La Fortificada

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Ante la inminente llegada de las Fiestas Patronales de la Bajada de Jesús en Almazán, me gustaría dedicar unas líneas a tan antigua tradición que hace que nuestras raíces perduren en el tiempo, tan efímero para todo lo que toca a los asuntos humanos.

Adnamantia est municipium Hispaniae in Castella et Legio.

Almazán, Villa y Corte, Corte de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, Reyes Católicos, hacedores de mundos y conquistadores de imperios, que hacían de la itinerancia  su modo de vida, llenando con su presencia los más recónditos lugares del Reino, dejando así su impronta en un camino inmortal que la memoria imperecedera de la Historia se encargará de mostrar.

Como olvidar los amoríos febriles del príncipe Juan por su princesa austriaca, paseados con denuedo bajo los artesonados de la arcada gótica del palacio de los Hurtado de Mendoza. Soñando con un proyecto de futuro brillante y glorioso en las postrimerías del siglo XV y que la mano caprichosa de la muerte  se encargó de truncar.

Almazán, la Noble, con su escudo heráldico en el que despunta  ese árbol desarraigado, para unos higuera, para otros encina, para otros manzano, que refleja los honores y privilegios recibidos por la villa en el transcurso de los años.

Almazán, la Imperecedera, testigo mudo del paso de diversas manifestaciones culturales que la enriquecieron con sus distintas interpretaciones de la vida y del mundo que les rodeaba. Desde sus primeros asentamientos en la Edad del Bronce y del Hierro, pasando por su época celtibérica y romana, hasta llegar a ser territorio de frontera entre árabes y cristianos, para finalmente conseguir sus  fueros y leyes de manos de Alfonso VI.

No quisiera extenderme en más evocaciones históricas, de seguro apasionantes, simplemente anotar para finalizar un hecho importante para la época: "Facta charta in Almaçan, fub Era. M.C.XCVI. menfe Ianuario; anno quo dominus Alfonfus famofifsimus Hifpaniarú Imperator obijt: Rege Sanctro de Nauarra exiftente vaffallo domini Regis", que indica la creación de la Orden de Caballería de Calatrava, que tuvo lugar en Almazán en el siglo XII.

En la actualidad, Almazán sigue tomándole el pulso a la vida diaria que empuja a sus naturales a no cejar en la costumbre de seguir la línea marcada por sus antecesores. Sus fiestas de la Bajada de Jesús son un fiel testimonio de ello. Aunque con el paso del tiempo el carácter místico ha cedido paso al profano, no por eso un adnamantino deja de acudir al asombroso despliege de fervor sincero durante la procesión de ese Cristo que permanece triste y solitario la mayor parte del año en su ermita.

Y durante el impresionante espectáculo de "la Traca", con la quema de los innumerables cohetes y  resto de parafernalia pirotécnica, es necesario también prender todos los sentimientos negativos acumulados durante el año, lo que  permitirá  quitar la pesada bruma que empaña nuestro devenir por este mundo de excesos e insolidaridad.

Desearía enviar un fuerte abrazo a mis sobrinos Cristina y Carlos, seguidores acérrimos de las fiestas de Almazán, que seguro se lo estarán pasando fenomenal. Animo con vuestro especial modo de preservar los valores que realmente importan. Felices Fiestas.



La Ronda. Almazán
Finalizado Julio 2011