Entrar en una sala en la que la oscuridad lo inundaba todo, y descubrir tras una puerta abierta al pasado algunos ejemplares bibliográficos conservados durante siglos me hizo sentir la necesidad de plasmar ese instante en uno de mis cuadros, empezando por un boceto a lapicero.
Intentar trasmitir la magia del momento, preservando el color y la luz que presumo podría existir en esos monasterios, ha sido el motivo que me ha impulsado a pintar esta obra, en consideración a tantos hombres de fe que a través de los siglos los han escrito, iluminado y conservado para que llegaran hasta nuestros días.
La sola penumbra del lugar ya hacía rememorar tiempos pasados, y escoger alguno de esos viejos volúmenes para pintarlos ha supuesto un sensorial placer en su estudio y ejecución. He querido que fuera algo diferente a lo que suelo pintar tanto en la forma, como en el soporte, como en la técnica, tratando de captar una cierta decadencia visual del paso del tiempo.
Es una obra pintada al óleo sobre madera, en la que los colores marrones imperan por necesidad. Algunas licencias me he tomado respecto a su enclave original que confieren identidad a mi forma particular de pintar.
Cantorales
Óleo sobre tabla
2016
Boceto estudio preliminar a grafito














