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martes, 22 de enero de 2013

Numancia, destino de héroes invictos

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Como buen soriano y conocedor de las grandes gestas que han llevado a cabo los habitantes de estas agrestes y duras tierras de la meseta castellana, no podía dejar de conocer uno de los lugares más emblemáticos, no solo de Castilla, sino de toda España, y por ende de Europa. Me refiero a Numancia, la legendaria población celtíbera que mantuvo en jaque al Imperio Romano en el siglo II a.C. Basta pronunciar su nombre para que suenen evocaciones gloriosas y heroicas de un pueblo que se opuso tenazmente a perder su libertad. Un pueblo que desde entonces entró en la leyenda universal.

Durante siglos, Numancia ha sido el punto de referencia para los pueblos que han luchado incansablemente por su independencia y su libertad.

Esta pequeña y modesta ciudad celtíbera asentada en el corazón de Iberia, fue la capital de los arévacos. Era el momento de gran esplendor de la República de Roma, que se había convertido en la principal potencia del Mediterráneo, y la provincia de Hispania fue la que más problemas causó al impresionante poderío militar romano. El sitio a Numancia constituyó un auténtico hito que forjó uno de los rasgos más característicos de lo hispano: el amor a la libertad y el sacrificio personal por la defensa de una causa justa, como asimismo la lucha contra la injusticia.

Han sido varias las veces que he visitado estas ruinas heroicas en el pasado. Hace unos días las volví a visitar, en pleno invierno soriano, que en estas Altas Tierras se manifiesta en toda su crudeza. No obstante, los caprichos del tiempo nos dieron una tregua, y nos obsequió con un día soleado y claro, lo que nos permitió deleitarnos con las impresionantes vistas desde el extenso Cerro de la Muela, donde se asienta Numancia. Maravilloso fue observar el Moncayo, el pico más alto del Sistema Ibérico, que con sus 2.324 metros de altitud conserva nieves casi todo el año, y que fue montaña sagrada de los celtíberos.

Las personas que hayan visitado este enclave estratégico podrán dar fe de la situación excepcional que los arévacos vieron en este lugar para construir su ciudad. Desde este promontorio se divisa una amplia llanura, atravesada por el río Duero, y nuestra vista se pierde a kilómetros de distancia.

Comentaré brevemente algunos aspectos históricos para así intentar comprender mejor el valor de este yacimiento. Después de 20 años de continuos ataques y asedios por parte de Roma, cuyos cónsules y ejércitos fueron vencidos humillantemente una y otra vez  por los numantinos, en el año 134 a. C. el Senado romano tiene que enviar a Publio Cornelio Escipión Emiliano, quien con un ejército de 60.000 hombres puso sitio a Numancia, que contaba en ese momento con un ejército de sólo 4.000 soldados. Tuvieron que pasar 15 meses más para que la ciudad cayera, victima del hambre y las enfermedades, siendo éste el peor castigo para el honor de un soldado celtíbero: no poder morir en el campo de batalla.

La táctica de Escipión no consistió en luchar y atacar la ciudad (en vista de las sucesivas y vergonzosas derrotas anteriores), sino que le puso un cerco brutal, fortificándolo con siete campamentos en los cerros que rodean la ciudad, unidos por un muro de 3 metros de alto, 2,4 de ancho y  9 kilómetros de perímetro, con fosos y empalizadas, y levantando torres por todas las partes, a unos treinta metros unas de otras. Escipión no quiso enfrentarse al ejército numantino, su intención era cortar todo tipo de suministro a la ciudad, condenando a sus habitantes a morir de hambre y sed. A pesar de intentar romper el cerco varias veces, los numantinos no lo consiguieron.  Y aquí se cierra uno de los actos más sobrecogedores de Numancia, y que la convirtió en todo un símbolo.

Este orgulloso pueblo celtíbero, famoso por sus bravos guerreros, que hicieron temblar a Roma y arrodillarse a sus temibles legiones ante ellos,  prefirió inmolarse en la pira de su ciudad por ellos incendiada, antes que rendirse y perder su libertad. Prefirieron quitarse la vida ellos mismos a la rendición. La muerte antes que la esclavitud. No fueron vencidos por Roma, sino por el hambre. Ambon, Leucon, Litennon, Megara y Retógenes, nombres de jefes numantinos, entraron para siempre en la gloria.

Los propios escritores e historiadores romanos, impresionados por esta gesta, expresaron su admiración por este pueblo ibérico, y llevaron a la exaltación sus actos de heroísmo. Citaré a Polibio, Ptolomeo, Plinio el Viejo, Tito Livio, Estrabón, Tácito, Apiano, Rutilio Rufo, Floro,Dión Casio, Petronio, Valerio Máximo,... entre muchos otros.

Haciendo un paréntesis narrativo, me gustaría puntualizar que en mi opinión es curioso que sean los franceses precisamente los que saquen una historia en cómics de una aldea gala invencible  que nunca existió, y que tuvieran además una pócima secreta. Me viene ahora a la memoria la famosa bebida de los celtíberos de Numancia, la caelia, una especie de cerveza hecha a base de cereales fermentados que tomaban los numantinos en rituales o para prepararse para la guerra. Demasiadas coincidencias, ¿no?. Que cada uno saque sus conclusiones.

Por lo que respecta a la ciudad, arquitectonicamente hablando, los visitantes podemos contemplar en la actualidad una amplia superficie excavada, unas 6 hectáreas, que comprende 19 calles y 20 manzanas. Es interesante comprobar  in situ que la ciudad estaba perfectamente planificada para evitar las inclemencias de los crudos inviernos con el fuerte y frío viento del norte. Así, el trazado de las calles es quebrado en las intersecciones, para cortar el viento y que este choque continuamente con pared. La ciudad estaba protegida por una potente muralla de  hasta 6 metros de alto y 4 de ancho, con cuatro puertas de entrada, que coincidían con los cuatro puntos cardinales. Además tenía varias torres defensivas. Este lienzo amurallado se adaptaba excelentemente a las características estratégicas que ofrecía el terreno.

En cuanto a las viviendas, el yacimiento ofrece la reconstrucción de dos casas, una celtibérica y otra de la época romana, que muestran como era la vida cotidiana de sus habitantes en esos momentos. También podemos observar aljibes o depósitos de agua de lluvia, algunos con escaleras, tanto dentro de los patios de las casas particulares, como en zonas públicas.

Con la caída de Numancia, en el año 133 a.C., la ciudad apenas volvió a ser habitada hasta casi un siglo después, en época de Augusto, recuperando su aspecto urbano. Esta nueva ciudad se construyó sobre las ruinas de la ciudad celtibérica, para poco a poco empezar a despoblarse con la caída del Imperio Romano.

Con el paso de los siglos la memoria de Numancia cayó en el olvido, sumergiéndose en el sueño de los tiempos. Hasta el siglo XVIII no se supo ubicar exactamente su emplazamiento. Y así permaneció dormida, hasta que en el año 1903 el arqueólogo alemán Adolf Schulten comenzó las excavaciones arqueológicas, delimitando el plano de la ciudad y los campamentos romanos que la sitiaron, sacando a la luz los espectros dormidos de aquellos numantinos gloriosos que dieron su vida por la libertad.

En definitiva, un auténtico recorrido de leyenda, que marca la gran epopeya de un pueblo auténtico, celoso de sus costumbres, de sus valores, de sus creencias y de sus tierras, estas Tierras Altas del Duero, que tantas veces han dado a la historia momentos memorables.

Visitar este enclave estratégico es un auténtico placer, que abre nuestra imaginación hacia un mundo legendario. Y para complementar este viaje, es obligado ver el magnífico Museo Numantino de Soria, un museo que recoge la historia de la provincia, con restos importantes desde el Paleolítico Inferior, pero deteniéndose especialmente en la cultura celtibérica, con muchas piezas procedentes de los yacimientos de Numancia, destacando una espléndida y exclusiva colección de cerámicas pintadas numantinas.



Yacimiento Celtíbero de Nmancia. Soria
Tomada el 4 de enero de 2013


Yacimiento Celtíbero de Numancia. Soria
Tomada el 4 de enero de 2013


Yacimiento Celtíbero de Numancia. Soria
Tomada el 4 de enero de 2013


Yacimiento Celtíbero de Numancia. Soria
Tomada el 4 de enero de 2013


"La caída de Numancia" (1881), de Alejo Vera. Diputación Provincial de Soria
Tomada el 4 de enero de 2013

miércoles, 14 de marzo de 2012

Las fortificaciones de Soria: Tierra de Frontera

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid


Si hay algo de lo que podamos sentirnos orgullosos los sorianos es de tener un pasado cargado de historia,  una historia apasionante y cautivadora que nos ha dado el carácter del que ahora hacemos gala, y ha impreso en nuestra memoria una verdadera carga emocional, de la cual debemos ser dignos herederos.

Pobladores de las tierras del Alto Duero, pertenecientes a la  Meseta Castellana y al Sistema Ibérico, los sorianos somos testigos directos de esa encrucijada de caminos esencialmente estratégicos que ha sido nuestra geografía, bordeada de fronteras por todos sus lados. Con la invasión árabe de la península, Soria se convirtió en  una zona de transición, un territorio de frontera, toda la línea del río Duero soriano fue el escenario de encarnizadas batallas de los cristianos contra los moros para recuperar el territorio invadido por estos. A partir del siglo X, y hasta el siglo XII, Soria fue en cierta manera "tierra de nadie". Es entonces cuando se inició un tímido proceso de repoblación, con la llegada de colonos castellanos, navarros, aragoneses, ...

Todo esto nos ha caracterizado a lo largo de los siglos por tener una idiosincrasia muy marcada, fruto de los avatares de esa convulsa historia peninsular, que unidos a la altitud (Pico de Urbión 2.229 m.), un clima extremo y  frío, y  la dureza de estos parajes nos ha dado una gran capacidad de resistencia y aguante. La sobriedad es una de nuestras señas de identidad.

Así, las necesidades de defensa propias de ese escenario favorecieron la construcción de innumerables castillos, fortalezas amuralladas, casas fuertes, torres y atalayas de vigilancia que están sembradas por  todo el territorio soriano, lo que hace que sea sumamente atractivo su descubrimiento y visita obligada. Su pertenencia a Castilla, Castella o Castiella, "tierra de castillos", hace que la provincia soriana sienta como propia esa denominación. Se puede hablar de más de 200 edificaciones de este tipo en una provincia que tiene 271 kilómetros cuadrados.

Por lo que respecta a los castillos, fortificaciones situadas en enclaves privilegiados con misión de proteger un territorio, en estas tierras de Soria podemos presumir de tener el castillo más grande de toda Europa, la fortaleza de Gormaz, situada en un cerro desde el que se divisan muchos kilómetros de campos castellanos, con un perímetro amurallado de 1200 metros, 446 metros de largo y 60 metros de ancho, con lienzos de 10 metros de altura y 28 torres, cuyos muros evocan nombres legendarios como El Cid o Almanzor. Otros castillos bien conservados serían los de Berlanga de Duero, Almenar, Magaña, Caracena,... los cuales son fiel testimonio de un pasado memorable.

Haciendo un paréntesis, me gustaría poner de relieve que muchas de estas construcciones se levantaron sobre antiguos asentamientos celtas y romanos, por lo que es normal encontrar mezclas de estilos en ellas.

Aunque debido a la antigüedad y al mal estado de conservación, la mayoría de estas construcciones son ruinas, pero en ellas se puede soñar con tiempos gloriosos. Entre ellos destacaría los castillos de San Esteban de Gormaz, Ucero, Osma, Vozmediano, Agreda, San Pedro Manrique, Yanguas, Langa de Duero, Peñalcazar, Ciria, Castillejo de Robledo, Hinojosa de la Sierra, Arcos de Jalón, La Raya, Serón de Nágima, Somaén, Moñux, San Pedro Manrique,...Mención aparte estaría el castillo de Soria, uno de los mejores de España en el siglo XII, pero que, ante la inminente llegada de las hordas francesas de Napoleón (¡como no!) en 1812, el general Durán mandó derribar, para evitar que los franceses se atrincheraran allí, al igual que pasó con  las murallas del castillo de Almazán. Hoy sólo son ruinas.

Por mi parte, quisiera destacar la fortificación de Calatañazor, donde "Almanzor perdió su tambor", con la romántica efigie ruinosa de su castillo que despierta una nostalgia cautivadora por los viejos tiempos. Desde allí se divisa el Valle de la Sangre, donde la historia localiza la legendaria derrota de Almanzor en 1002.

En cuanto a las villas y fortalezas amuralladas, también hay una buena muestra en Soria. Además de la capital, que tuvo más de 4 kilómetros de murallas, destacaría las de Almazán, Medinaceli, Ágreda, Monteagudo de las Vicarías, Rello, Cabrejas del Pinar, Deza,... entre otras. Me detendré en Medinaceli por su situación fronteriza divisoria y en Almazán por razones obvias.

Medinaceli, la antigua Occilis celtibérica, la Madinat Salem árabe, situada en un cerro estratégico inexpugnable. Sus murallas árabes fueron construidas reutilizando las antiguas murallas romanas que allí había. Hay algún tramo que se conserva medianamente bien, pero en general están en ruinas. A partir del siglo X empieza su esplendor, se construye la alcazaba de la que sólo queda las caballerizas árabes subterráneas. El castillo se construyó sobre la primitiva alcazaba con torreones circulares y una torre  del homenaje rectangular. Goza de unas vistas inigualables.

Almazán, "La Fortificada", tuvo una gran importancia a partir del siglo XII, debido a estar en la línea fronteriza entre los reinos de Castilla y de Aragón, siendo objeto de disputa durante varios siglos entre ambos reinos. Su castillo se ubicaba en el cerro de El Cinto, aunque hoy en día sólo quedan algunos vestigios ruinosos. Pero, en cambio, sí podemos admirar varios lienzos de murallas, tanto de factura árabe como cristiana, de hasta diez metros de altura, y que están bastante bien conservados. El fuerte declive del terreno hizo de este enclave una gran fortaleza defensiva, franqueada por siete puertas, de las que se han conservado en perfecto estado tres: la del Mercado o de Berlanga, la de Herreros y la de la Villa; también hay dos postigos: el de Santa María y el de San Miguel. Todo ello nos da una idea de la gran importancia de esta plaza.

Torres y atalayas se encuentran por doquier en toda la provincia. Hay que diferenciar estas fortificaciones debido al uso que ambas tenían. Las torres o torreones tenían como finalidad alertar de posibles peligros y dar cobijo a la población, ademas estaban preparadas para soportar un asedio. Por lo general son torres rectangulares bastante altas. Las atalayas solían ser estructuras aisladas, de uso militar, situadas en lugares altos, y cuya misión era de mera vigilancia, alertando a los castillos próximos de posibles ataques enemigos.

Entre las primeras destacaría la torre de Noviercas, en perfecto estado de conservación, es una torre bereber del siglo X. Entre otras: torre de la Pira, del Castillo, de Trébago, de Torretartajo, Villanueva de Zamajón, de Montenegro de Ágreda, Aldealpozo,... Por lo que respecta a las atalayas, hay que notar que una gran cantidad en la zona de Medinaceli, Alcubillas de las Peñas, la de Almadeque,.. Destacar las atalayas de Paones, Abejar, la Riba de Escalote, Liceras, Montejo de Tiermes, Navapalos y muchas más.

Soria, tierra de frontera, tierra de castillos, tierra de leyendas,... un lugar único fascinante, lleno de encantos, donde dejar volar nuestra imaginación es un bálsamo y una aventura inolvidable.




Rollo de las Monjas. Almazán
Óleo sobre lienzo
1985




miércoles, 8 de febrero de 2012

El sueño se hizo realidad en Cádiz: la Constitución de 1812

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

El 19 de marzo de este año se cumplirá el bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812, conocida popularmente como la Pepa, ya que fue promulgada el día de San José. Fue la primera Carta Magna Liberal de Europa. Constituye un símbolo de libertad que ha perdurado hasta la actualidad,  siendo un ejemplo de admiración, modelo a imitar por parte de Europa y América. Fue el primer paso para conseguir el reconocimiento de los derechos políticos de los ciudadanos y de la soberanía nacional, garantizando la instauración de un nuevo orden político y social en España.

Y este texto constitucional no pudo proclamarse en otro lugar mejor, que en una ciudad tan idónea y cargada de historia y cultura como es Cádiz, en la que confluyeron las circunstancias políticas, sociales y económicas necesarias para ello. Una ciudad moderna, con unas ideas liberales, fruto del contacto de siglos con todo lo que venía de fuera, con el mar inmenso como trasfondo, un mar que era el principio y fin de todo lo que acontecía en ella, un mar que más que separar, unía. Cádiz, considerada la ciudad más antigua de Europa, con más de 3.000 años de antigüedad, era una ciudad abierta, centro del comercio ultramarino y europeo, de estratégica situación, fruto del buen hacer de numerosas civilizaciones que dejaron su impronta en su devenir histórico. Ciudad acrisolada de culturas, acostumbrada a asimilar todo lo que a ella llegaba, dio refugio a todos los habitantes que huían de los territorios ocupados por los ejércitos napoleónicos en los convulsos años de la Guerra de la Independencia, y como no, sede del Consejo de Regencia que convocaría Las Cortes Generales, constituyentes, en 1810, con el juramento de los diputados representantes de todos los territorios de las Españas, peninsulares, americanos y asiáticos de defender la integridad de la nación española.

Cádiz era en esos momentos el centro neurálgico de la intensa actividad de la vida política española, seguida en los numerosos periódicos que se publicaban en la ciudad gracias a la libertad de prensa, como "El Conciso", "El Redactor General" o "El Diario Mercantil". Los diputados, pertenecientes a diversos sectores de la sociedad, y desde puntos ideológicos y políticos diferentes, darían forma a través de acalorados debates y discusiones a todo el proceso constituyente. 

La Constitución liberal de 1812, símbolo de libertad, estaba orientada a consolidar los derechos de los ciudadanos y restringir el poder del Estado. Estableció dos principios claves: la soberanía nacional, que  reside en la Nación, y la separación de poderes. Implantó un sistema de representación nacional, unicameral, para salvaguardar al ciudadano frente al poder absolutista. Fue un texto racionalista, inspirado en la tradición, en cuyo artículo 1º se define a la Nación española como el conjunto de todos los españoles de ambos hemisferios. Entre los derechos y libertades destacaría la libertad de prensa y de imprenta y la libertad de expresión,  pensamiento y opinión, y los derechos a la libertad personal y a la integridad física. Fue, en definitiva, una constitución innovadora y reformadora, también algo radical, y si bien su vigencia fue reducida, se convirtió en símbolo del constitucionalismo español.

Aunque seguro que los fastos de la conmemoración serán más austeros, debido a la crisis, la ciudad de Cádiz se vestirá con sus mejores galas para celebrar este acontecimiento trascendental de la democracia y el constitucionalismo. A pesar del asedio francés, que duró más de dos años, el Cádiz de aquellos años se mostraba alegre, con todas sus plazas y calles atestadas de gente de todo tipo, las asambleas diarias de los diputados, las tertulias en los cafés, las reuniones sociales, las representaciones teatrales, el carnaval, el cante y el baile en las tabernas,... eran constantes en una ciudad sometida diariamente al bombardeo implacable de la artillería francesa. Ningún francés puso jamás un pie en Cádiz, hasta que el 24 de agosto de 1812 los franceses levantaron el sitio y se retiraron. Finalmente, en junio del 1813, los ejércitos imperiales de Napoleón fueron derrotados y expulsados de España. Sería la primera gran derrota de Napoleón.

Terminaré recordando una de las muchas coplillas que se cantaban en las calles de Cádiz por aquél entonces: "Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones".




En azul

domingo, 23 de octubre de 2011

Rompiendo lanzas por la Hispanidad. Parte Segunda

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Los inicios de la Edad Moderna fueron bastante negativos en lo que respecta a la visión exterior de España, una imagen estereotipada que nos ha perseguido durante siglos, y que ha influido hasta en la propia percepción que tenemos de nosotros mismos a través de nuestra historia. Es lo que Domínguez Ortiz llama, refiriéndose al acogimiento asombroso por parte del pueblo español, una "deformación extranjeriza de su historia". Esto es obra de varios países europeos encabezados por Francia, Inglaterra y Holanda, pero también Italia y Alemania. Lo grave del caso es que muchos de esos tópicos negativos e imágenes estereotipadas sobre España persisten incluso hoy en día.

La supremacía española en Europa produjo grandes resentimientos en estos países, siempre ávidos de poder, a los que se unieron además los grandes movimientos religiosos de la época encabezados por la Reforma Protestante. Se alude con frecuencia al fanatismo religioso de Felipe II, pero nada más hay que ojear un discurso de Lutero o pasearse por las cortes de esos países para darse cuenta de lo que era realmente intolerancia religiosa.

Y con el descubrimiento del Nuevo Mundo por parte de España y su incorporación al Imperio Español, los resentimientos de esos países fueron in crescendo, si bien hay que decir que el factor religioso fue determinante en la confección de esa idea que se tenía de todo lo español.

Apuntar como dato, que la herencia territorial de la Monarquía Hispánica en tiempos de Felipe II era de más de 30 millones de kilómetros cuadrados de poder efectivo, siendo el primer país europeo en llevar a cabo la ordenación de un ESTADO.

Retomando el hilo de lo que indica el enunciado de este escrito, continuación del publicado el 27 de septiembre, seguiré hablando del legado de la Hispanidad en el mundo. En este sentido hay que tener presente que los Reinos Hispanos habían pasado siete siglos de reconquista, es decir de enfrentamiento continuo con los musulmanes, en una auténtica guerra de límites para recuperar el territorio arrebatado por las invasiones musulmanas procedentes del norte de África.

Por eso, los primeros conquistadores españoles llegados a América eran hombres rudos, curtidos en mil batallas, salidos de un mundo medieval en donde la guerra era la constante de sus vidas. Eran hombres de frontera, individualistas, temerarios, pero también violentos e imprudentes. Con la conquista del último bastión musulmán de Granada por parte de los Reyes Católicos, se puso fin a más de siete siglos de reconquista, quedando abierta la puerta de América para todos ellos.

Por lo que respecta al colapso demográfico de la población indígena durante la conquista, hay que decir que fue de grandes proporciones, y sin entrar en polémicos debates y controversias, constatar que sin ninguna duda la mayor parte se debió a las enfermedades infecciosas portadas por los españoles y demás europeos que llegaron a América. Enfermedades como la viruela, la gripe, el tifus, la difteria o el sarampión entre otras, desconocidas todavía en el continente americano, y por lo tanto con una población carente de defensas hacia ellas.

Y sólo una pequeña parte de ese descenso poblacional fue como consecuencia directa de las guerras, violencia y explotación a la que fue sometida la población indígena por parte de los primeros conquistadores en las décadas iniciales de la conquista.

No se puede mirar y juzgar el pasado con los ojos y la mente del hombre actual. y este es el error más frecuente que se comete al valorar los hechos históricos. Nada tiene que ver la mentalidad de un hombre del siglo XV con la del hombre del siglo XXI.

Historiadores, investigadores y demógrafos coinciden en que fueron las enfermedades, sobre todo la viruela, el factor principal del declive de la población indígena. Numerosas investigaciones han calculado que entre el 80 y el 95% de la población total de América que murió en ese tiempo fue por causa de esas infecciones que adquirieron grado de grandes epidemias. Como ejemplo citaré al gran historiador británico Henry Kamen cuando afirma: "...que entre los puebles indígenas del Nuevo Mundo, más de un noventa por ciento de las muertes fueron causadas por enfermedades contagiosas más que por crueldad".

En cuanto al oro y la plata venidos de América (al igual que las inmensas rentas de las exportaciones laneras castellanas) mencionar que no se quedaban en España, sino que traspasaban los Pirineos para enriquecer a Europa, pagando las innumerables guerras de los Austrias así como a los prestamistas alemanes y genoveses, y olvidando cualquier inversión en España. Esto conduciría a un empobrecimiento paulatino del país, el cual, junto al despoblamiento masivo debido a la emigración a América llevaran a la decadencia del Imperio Español.

Una decadencia a todos los niveles, iniciada por el agotamiento y desgaste de un Imperio de inmensas proporciones que no supo adaptarse a tiempo a la nueva economía imperante en el mundo protestante anglosajón, socavado además su prestigio por una feroz autocrítica interna y por los ataques propagandísticos externos del resto de Europa. A principios del siglo XVIII, España pasó de ser la potencia hegemónica en Europa y la mayor economía del mundo a convertirse en un país empobrecido. Sería interesante hacer hincapié en las grandes divergencias de los modelos socioeconómicos asociados al catolicismo y protestantismo en los distintos países europeos.

Incluso hoy en día, los historiadores y estudiosos de todo el mundo se preguntan por las causas reales que condujeron a esa decadencia a la mayor potencia de la época. Existen muchas interpretaciones historiográficas, pero este no es el momento de analizarlas.

Iberoamérica es la síntesis de muchas etnias que han dado como resultado un mestizaje asombroso. Solamente destacar que la riqueza del maravilloso estado racial y cultural actual de  Hispanoamérica, fruto de la unión con los españoles, es razón suficiente para defender una aptitud positiva del encuentro americano. Terminaré con una cita del insigne escritor mexicano Octavio Paz:

"No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles y los portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa que, en sus grandes trazos, todavía está en pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas diferentes, adoraban dioses distintos, guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Si las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas.

Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay que subrayar que sin ellos -quiero decir sin la religión católica y la cultura que implantaron en nuestro país- no seríamos lo que somos. Seríamos probablemente un conjunto de pueblos divididos por creencias, lenguas y culturas distintas".



Interior de bosque
Óleo sobre lienzo
1996

martes, 27 de septiembre de 2011

Rompiendo lanzas por la Hispanidad. Parte Primera

Eduardo Beltrán y García de Leaniz / Madrid


Con motivo de la próxima celebración del 12 de octubre, día de la Hispanidad, quiero dejar constancia de mi pasión por unas comunidades a las que nos unen unos lazos inmutables e imperecederos. Nada de lo que afecta a América nos es ajeno.

Los españoles fueron los artífices de la creación del primer imperio colonial moderno, llevando la europeización al continente americano, e iniciando al mismo tiempo un proceso de mestizaje y transculturación en un encuentro étnico, biológico y cultural de inmensas proporciones. Hay que recordar en este sentido que el colonialismo inglés jamás tuvo el más mínimo interés en mezclarse con las culturas autóctonas, pues consideraban impuras otras razas que no fuesen la suya.

En el descubrimiento y conquista, los territorios americanos nunca fueron considerados colonias, sino que, jurídicamente se consideraban provincias y reinos en igualdad de condiciones con los reinos hispanos. No fueron colonias de explotación, ni factorías, ni se poblaron con colonias de penados como hizo Inglaterra. España envía lo mejor, llevando las  mismas leyes peninsulares y creando una nueva cultura  en la que no se practica la segregación. Y destacar como elemento principal la evangelización. En esa época evangelizar era culturizar.

El gran hecho histórico del descubrimiento y colonialismo de América ha sido muy polémico desde sus comienzos. Habría que decir en primer lugar que a lo largo de la Historia de la Humanidad todo choque de culturas y civilizaciones diferentes  ha significado violencia, y en el caso de España y América no iba a ser distinto. Si bien es de elogiar que las críticas sobre los abusos cometidos en los primeros años de conquista por los conquistadores españoles, partieron de la propia España. Es decir, se estaba haciendo una dura autocrítica por parte de un buen número de españoles, sometiendo a una comprobación ética toda la labor llevada a cabo en América.

Jamás el imperialismo inglés ha hecho autocríticas de su propia política colonial. Siempre las críticas han venido de fuera. Quiero resaltar en este punto, que España, junto a Estados Unidos, han sido los únicos países en el mundo que han sometido a autocrítica toda su actuación imperial.

A partir de ahora siempre me referiré a Inglaterra como la otra cultura decisiva  relacionada con América, reflejando las grandes diferencias de ambos imperios. Se habla de América Hispana y de América Anglosajona. Aunque son dos colonizaciones muy distintas, fruto la hispana de la construcción y la anglosajona de la expansión. También son dos conceptos muy diferentes de ver la vida: la América Anglosajona del Norte es protestante, pragmática y el concepto económico es su máxima finalidad, mientras que la América Hispana es católica, idealista y humanista.

La situación es que las acusaciones llevadas a cabo por los críticos españoles se difundieron muy pronto por Europa, y se exageraron de tal forma, que Holanda e Inglaterra (los máximos instigadores) las utilizaron como armas arrojadizas contra la política religiosa y militar de la Monarquía Hispánica. No olvidemos que la Monarquía universal española era la más poderosa y extensa de Europa lo que la convirtió en la mayor potencia de occidente.

Y de aquí surgió La Leyenda Negra, con la consiguiente descalificación y condenación de todo el país. Leyenda injusta, cruel e interesada que bien podría atribuirse a los países que la inventaron. Pero la realidad fue que esta leyenda hizo más daño a España y a su prestigio que todas las guerras llevadas a cabo durante los más de 300 años que duró el Imperio Español.

Citaré la definición que de La Leyenda Negra hizo Manuel Fernández Álvarez: "Cuidadosa distorsión de la historia de un pueblo, realizada por sus enemigos, para mejor combatirle. Y una distorsión lo más monstruosa posible, a fin de lograr el objetivo marcado: la descalificación moral de ese pueblo, cuya supremacía hay que combatir por todos los medios".

Los abusos y violencia cometidos sobre la población indígena por parte de los conquistadores siempre contaron desde el principio con voces españolas que se alzaron contra estos métodos, teniendo a los dominicos  como sus principales valedores. España llegó a plantearse la legitimidad de la conquista, siendo el único país del mundo que ha sometido a crítica y revisión toda su labor colonizadora. Ya en la época, entre 1550 y 1551, se llevo a cabo en Valladolid la famosa controversia teológica entre el padre Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda sobre la validez de la conquista. Asimismo señalar la polémica teoría de los Justos Títulos de Francisco de Vitoria respecto a la legitimidad o no que Castilla tenía sobre las Indias, basada en el Ius Naturale. Vitoria puso las bases del Derecho Internacional.

Como consecuencia de todo esto, la Corona dictará toda una serie de leyes que tenían como misión proteger al indio, entre las que destaco las Leyes de Burgos de 1512, las Ordenanzas de buen tratamiento a los indios de 1524 o las Leyes Nuevas de 1542. Todas ellas incorporadas en la Recopilación de las Leyes de Indias.

Quisiera señalar en este sentido, la gran preocupación de la reina Isabel la Católica por la defensa de los indios. Así, el testamento de la Reina, redactado en 1504 dice: "...por ende suplico al Rey mi señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la dicha Princesa mi hija y al dicho Príncipe su marido… no consientan ni den lugar que los Indios vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados..."

Otra de las grandes diferencias entre anglosajones y españoles es la idea de ennoblecer las Indias que llevo a cabo la Corona española. Cuando se independizaron las 13 colonias americanas de Inglaterra en 1776, no existía en su territorio ni una sola universidad, ni una sola catedral, ni palacios, ni monasterios, ni iglesias, ni edificios oficiales… los ingleses no habían llevado ni construido nada en América. Cuando se independizaron las colonias españolas, todo este enorme territorio que abarcaba desde California hasta la Patagonia estaba sembrado de más de 30 Universidades, decenas de Catedrales, miles de Colegios y Bibliotecas, Escuelas, más de 70.000 Iglesias (sólo en el primer siglo), cientos de Conventos, Palacios, Edificios Gubernamentales. Las primeras Universidades se fundan en Santo Domingo en 1538, en México en 1553, en Lima en 1553, en Bogotá en 1580, en Quito en 1786, en Santiago de Chile en 1619, en Sucre en 1624,... a las que asisten alumnos españoles, criollos, indígenas y mestizos. La imprenta se funda en México en 1537 y en Lima en 1583,... y así podría seguir enumerando sin cesar.

Quisiera terminar esta primera parte citando el título del último libro de Carmen Iglesias: "NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO".





Bosque encantado
Óleo sobre lienzo
1992

viernes, 16 de septiembre de 2011

Hispanoamérica, Iberoamérica o Latinoamérica

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Es bastante común escuchar o leer en todos los medios de comunicación, como asimismo oír a personas de toda índole utilizar el término Latinoamérica o América Latina  como algo totalmente aceptado, incluso personalidades de las más altas Instituciones españolas  lo emplean en todo tipo de actos, y en los sistemas educativos españoles es el término que se aplica.

Y si en España es el término que se utiliza normalmente, en los países a los que se refiere pasa a ser el más comúnmente aceptado por toda la población. Lo cual resulta realmente sorprendente, pues es un termino que no les define, ni por su cultura indígena, ni por su cultura española.

Yo estoy totalmente en desacuerdo con el uso de este término, que no indica para nada el origen grandioso de los pueblos Iberoamericanos, un mundo que abarca desde Alaska hasta la Tierra de Fuego, recorriendo todo el Continente Americano de norte a sur. Es completamente incorrecta su utilización. 

En este contexto, me gustaría explicar los motivos que me llevan a esta conclusión. En primer lugar  destacar que los más insignes hispanistas del mundo, entre los que pongo de ejemplo al incomparable John H. Elliott, como asímismo la Real Academia Española de la Historia y el resto de Academias de los países iberoamericanos, utilizan la palabra  Hispanoamérica o Iberoamérica , ya sea para referirse a los países de lengua española o a los paises de lengua española y portuguesa. Se habla de Cumbres Iberoaméricanas.

Fueron los españoles, y en menor medida los portugueses los que llegaron a las "Indias". Fueron los pueblos ibéricos los que fundieron su cultura con las culturas autóctonas americanas. España llevó lo  mejor que podía llevar: SU CULTURA, la cual se fusionó con las civilizaciones precolombinas creando una simbiosis perfecta que dio lugar a un mestizaje asombroso que hoy en día es un ejemplo de belleza y grandeza.

Hispanoamérica fue una prolongación de  España en las Américas. España siempre consideró a todos estos territorios descubiertos como provincias españolas, y sólo en el último momento pasaron a ser colonias debido al clima económico y político imperante en el siglo XVIII.  Decir en este sentido que Inglaterra siempre considero a sus territorios conquistados desde el inicio como colonias de explotación. Pero no es este el momento de hablar de lo que llevó y se llevó España, o de lo que impuso o dejó de imponer, ya escribiré sobre este apasionante tema en otra ocasión.

Por lo que se respecta a la denominación "latino", hay que decir que se refiere a los naturales del Latium, zona histórica geográfica de Península Itálica, región cuna del Latín. Los latinos fueron progresivamente conquistados por los romanos ya desde la época monárquica (753 a. C.-509 a.C.).

Para llegar al origen de este vocablo tenemos que remontarnos a mediados del siglo XIX, donde es utilizado por primera vez en una conferencia en Paris. Los franceses de la época, ávidos por destruir todo lo que significase la gloria del Imperio Español, apoyaron inmediatamente el término América Latina, y fue Napoleón III en sus intervenciones militares en México quien lo popularizó en un intento de incluir a Francia en el área de influencia de Hispanoamérica, y quitar a España todo el protagonismo en la zona y al mismo tiempo desprestigiarla a los ojos de los mejicanos.

Hay que decir que fue Francia la que para su propio interés extendió el uso de "latino" para todos aquellos países que hablasen idiomas derivados del latín. Pero la realidad es que ni franceses, ni otros pueblos latinos, llevaron a cabo la gran obra americana que llevó a España a ser la  artífice de una de las mayores gestas de la Historia de la Humanidad. Además, las escasas colonias francesas en el Caribe no se parecen en nada histórica o culturalmente al resto de países iberoaméricanos.

Se habla también con frecuencia en foros internacionales del concepto América Latina vinculado a aspectos económicos, sociológicos o antropológicos, ademas de culturales, lo cual no deja de ser una forma más sutil "de rizar el rizo". El hecho es que no convence de ninguna forma.

Las culturas nativas americanas unidas a la cultura española han creado unas Sociedades políticas, demográficas, culturales y económicas a nivel mundial con una de serie de valores e intereses comunes de tal magnitud que a veces ni nosotros mismos somos conscientes de ello. Por ello es de honor reconocer el nombre de estas tierras como HISPANOAMERICA o IBEROAMERICA.




Raíces y Emigrantes
Óleo sobre lienzo
1986