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lunes, 5 de diciembre de 2016

Cuidadores, una palabra valiente

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Almazán


Fue un sábado del pasado mes de noviembre cuando, en un momento determinado de la tarde y sin mediar palabra, mi madre me cogió las manos, se las llevó a los labios y me las besó, y con sus ojos llenos de lagrimas me dedicó una mirada, y en ella pude ver toda la gratitud del mundo reflejada en ellos.

De alguna forma, en su mundo, ella sabe que yo estoy siempre cerca de ella, protegiéndola y velando por su seguridad y bienestar, y quizá quiso dejar constancia de lo feliz que es cuando paso unos días con ella cuidándola en Almazán.

Este es un buen momento para hablar de los cuidadores, aquellos que dedican gran parte de su tiempo y de su vida a cuidar de sus familiares en estado de dependencia, facilitándoles vivir en su entorno. Decir que son los olvidados, los incomprendidos, no tienen reconocimiento ni agradecimiento alguno, son personas exentas de galardones, que se mantienen en silencio,... pero cuando se recibe un tributo como éste de la persona a la que cuidas, es cuando realmente valoras la satisfacción personal de realizar una misión con una fuerte carga emocional. El cansancio desaparece, te sientes reconfortado y con fuerzas para seguir adelante.

Es triste decir que el trabajo de cuidador es prácticamente invisible en nuestra sociedad, son personas que viven casi en la clandestinidad, apenas se les tiene en cuenta ni por las administraciones, ni por el entorno inmediato que les rodea, no son valorados. Son personas que se dejan la piel por los que cuidan, pasando tantas noches en vela, teniendo tantos momentos de frustraciones en soledad, con inevitables secuelas físicas y psíquicas. 

Pero su trabajo es todo un ejemplo a seguir: cuidar, dar consuelo e intentar hacer feliz a los que realmente importan en esta sociedad  tan arbitraria.

Estas palabras van dedicadas a todas esas personas, anónimas en su gran mayoría, que dedican su tiempo y su vida a ayudar a los que lo necesitan, a los que no pueden valerse por sí mismos, a los que sufren, la mayor parte de las veces en entornos familiares difíciles y de gran necesidad, con pocos recursos materiales y económicos, y que sin embargo están ahí, haciendo un trabajo digno de admiración, y que nuestra sociedad se empeña en no reconocer, ni valorar.



miércoles, 23 de noviembre de 2016

Velázquez y Murillo juntos en Sevilla


Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid

Viajar a Sevilla siempre se convierte en un auténtico placer, y más teniendo como aliciente añadido la visita a la exposición "Velázquez.Murillo.Sevilla" en el Hospital de los Venerables.

Cuando supe de esta exposición, me llamó mucho la atención la idea de unir obras de Velázquez y Murillo en una misma muestra, pues a mi juicio son dos tipos de pintura bastante distintos, tanto en la técnica como en la ejecución, como asimismo en la temática elegida. Tanto sus obras como sus trayectorias profesionales fueron muy diferentes. Por eso, sentí tanta curiosidad en ir a visitarla.

Desde el primer momento percibí que las 19 obras expuestas trataban de estructurar las posibles semejanzas que pudieran tener ambos pintores sevillanos en determinados momentos de su producción pictórica, sobre todo al inicio de sus respectivas carreras, consagradas en el incomparable marco histórico y artístico de la Sevilla del siglo XVII, que en ese momento era la ciudad más rica y cosmopolita del Imperio. Y también la posible influencia que Velázquez pudiera haber ejercido en el joven Murillo.

Si bien Velázquez pintó temas religiosos y de género con un estilo naturalista en esa primera etapa de juventud, una vez trasladado a Madrid y convertirse en pintor del rey  Felipe IV, dejó de pintarlos. En cambio Murillo, afincado toda su vida en Sevilla, dedicará la mayor parte de sus pinturas a temas devotos, y a algunos cuadros de género.

Decir que me impactó profundamente el San Pedro penitente de los Venerables, de Murillo, expoliado como tantas obras de arte por las tropas napoleónicas en 1810, y de vuelta en España en 2014 comprado por Abengoa, que lo cedió a su Fundación Focus en Sevilla.

El prestigio de Sevilla se ve acrecentado con la obra de estos dos genios de la pintura universal en una exposición magnífica.



jueves, 17 de noviembre de 2016

Clara Peeters, una exposición exquisita

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid

No suelo ser una persona que me entusiasmen mucho los bodegones, es un tipo de género que no suele despertar en mi grandes pasiones, pero descubrir la frescura y exquisitez de las naturalezas muertas pintadas por Clara Peeters me ha emocionado especialmente. Sus cuadros son representaciones realistas y naturales con un elegante contraste de fondos oscuros y objetos brillantes, luminosos.

Es la primera vez que el Museo del Prado organiza una exposición sobre una mujer, que a principios del siglo XVII se dedica a la pintura, algo insólito en un mundo donde la costumbre, la ley y los prejuicios sociales no favorecían la integración de las mujeres en cualquier ámbito profesional, sometidas como estaban a estrictas normas de conducta.

Toda la información que se dispone sobre Clara Peeters procede de sus cuadros. Y nunca mejor dicho, pues en varios de ellos la pintora deja su autorretrato reflejado en diferentes objetos, como si quisiera hacerse ver, dejar constancia con discreción de su condición de mujer pintora, y al mismo tiempo afirmar su deseo de ser vista.

En este sentido llama poderosamente la atención que en uno de sus cuadros hay una copa dorada con hasta siete autorretratos reflejados en ella, en los que se distingue a la pintora sosteniendo una paleta y unos pinceles. Sencillamente maravilloso.

Sus bodegones son un tributo a la cultura material y gastronómica de su época, inspirados en los banquetes y comidas ceremoniales de las ricas y poderosas élites flamencas, y al mismo tiempo al coleccionismo de objetos exóticos y extremadamente refinados, muy en boga en aquél tiempo. Y decir también que Clara Peeters es la autora del primer bodegón con pescado que se conoce en la historia de la pintura.

Es un tipo de pintura para pararse a observarla detenidamente, dedicarle tiempo, mirar los preciosos objetos representados y recrearse en su contemplación y en su delicada ejecución. En fin, una exposición de ineludible visita.





domingo, 6 de noviembre de 2016

Inmerso en la niebla

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid

Tres planos van componiendo esta nueva obra, en la que la niebla ocupará un lugar de honor. Niebla, niebla, siempre niebla a mi alrededor... Un bosque nebuloso va surgiendo de mis pinceles, queriendo plasmar más que nunca el momento actual, en el que la luz se difumina en aras de un desdibujado horizonte que parece no tiene fin.

Emociones encontradas, momentos perdidos, tiempo acabado. Todo tiene cabida en el tumultuoso camino de la vida. Los bosques, los árboles, siempre han formado parte de mi pintura, desde mis más tempranos inicios, árboles desnudos cargados de simbolismo levantándose sobre imposibles horizontes ocres matizados de una luz crepuscular, viejos troncos doblados por el tiempo y poblados de grisáceas telas de araña, pomposos árboles cargados de una verde explosión típica de los inicios del verano, otoñales siluetas recortando el cerúleo y  helado cielo castellano,... todos son mudos testigos de una vida.

Por eso quiero que en esta nueva pintura la niebla sea protagonista absoluta, aunque esté en el plano final, poblado de siluetas sinuosas que simplemente han pasado sin dejar huella, y dejando en un primer plano a los verdaderos protagonistas encubiertos.

Ardo en deseos de verla acabada, aunque la técnica, la dedicación y la perfección con la que pinto mis obras requieren de un tiempo y una paciencia que ya no tengo. Ya veremos.





miércoles, 26 de octubre de 2016

La impresión en Renoir

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid

Si hay algo que llama poderosamente la atención cuando contemplas la pintura de Renoir es, por una parte, ese dejarse llevar por el motivo que pinta y sobre todo por el ambiente en que se haya, y en segundo lugar, que las mujeres han sido, sin duda, las protagonistas indiscutibles de toda su trayectoria pictórica.

Esto es algo que puedes comprobar visitando la magnífica exposición que ha organizado el Museo Thyssen en Madrid sobre la figura de Renoir, centrada en el tema de la intimidad, despertando, como dicen ellos, la imaginación táctil del espectador.

La obra de Renoir se desarrolla a lo largo de más de cincuenta años, y esta exposición hace un recorrido cronológico sobre ella basándose en diversos temas, desde el impresionismo inicial hasta las bañistas de sus últimos años.

Me gustaría dar especial relieve a su periodo impresionista (de 1869 hasta los primeros años ochenta), la del pintor del plein-air, cuando salía a pintar al aire libre para captar la atmósfera que imperaba en un determinado lugar, percibir el momento, captar la impresión visual.  El almuerzo de los remeros, Pareja paseando o Después del almuerzo, presentes en esta exposición, son iconos de este tipo de pintura.

A partir de los años noventa se puede apreciar un cambio en su pintura, fue entonces también cuando Renoir empezó a sufrir fuertes ataques de reumatismo que le atormentaron continuamente hasta su muerte en 1919, produciéndole deformaciones en las manos, inmovilizaciones continuas de los brazos, paralizacion de las piernas. En 1911 se ve obligado a usar una silla de ruedas y hasta había que colocarle el pincel entre sus encogidos dedos vendados.

 Pero a Renoir lo único que le importaba era seguir pintando... hasta el final.



Buscando en el viejo desván de la casa de mis padres en Almazán, encontré esta obra que pinté a la cera sobre cartulina cuando apenas era un adolescente. Es una copia de un cuadro de Renoir titulado Dos mujeres en la calle (1876). 
Eran momentos de descubrimientos en mi pintura.




lunes, 3 de octubre de 2016

Caravaggio inmortal

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid

Acaba de cerrar sus puertas una magnífica exposición en Madrid, la que ha llevado a cabo el Museo Thyssen sobre la figura de Caravaggio y su influencia en los pintores del Norte de Europa. Estaban presentes doce obras maestras de este genio de la pintura, símbolo clave del barroco italiano.

El carácter innovador de su pintura influyó decisivamente en el arte del siglo XVII, a pesar de que Caravaggio nunca tuvo taller como otros grandes pintores, ni reunió a un grupo de discípulos que le siguieran. Su influencia se debe a lo revolucionariamente moderno de su creación, al impacto que su trabajo causó.

Atento a la realidad del momento, Caravaggio no dudó en pintar a chicos de la calle, prostitutas y mendigos como figuras bíblicas en sus cuadros. Fue un provocador.

El dramático clarooscuro y el fuerte naturalismo de sus representaciones, junto a las cuidadas y teatrales estructuras compositivas hacen de este pintor un auténtico mito icónico de la historia de la pintura. Mi mirada se detiene asombrada ante esos vigorosos moldeados de clarooscuros que parecen salir del cuadro, estableciendo una conexión total entre el espectador y la obra.

Su inestable y polémica vida a dado lugar a numerosas teorías y creencias acerca de significados ocultos y simbólicos en sus pinturas. Existen varias interpretaciones, a veces contrapuestas, sobre la figura de Caravaggio y sobre la intención real del pintor al ejecutar sus trabajos.

A mi entender, lo mejor es contemplar sus obras.  Hablan por sí solas. En ellas puedes encontrar el verdadero espíritu de Caravaggio.




En  la Gemäldegalerie de Berlin este verano, delante de uno de mis cuadros favoritos de Caravaggio: "Amor Victorioso".



viernes, 23 de septiembre de 2016

Times of change

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Almazán

Siempre existen momentos para meditar, momentos para compartir, momentos para comenzar, momentos para continuar, momentos para dudar, ... el tiempo inexorable no se detiene, siendo el germen perfecto para la melancolía.

La creatividad siempre llega pese al dolor, y aunque los perfeccionistas estamos llamados a la extinción, pues ya no somos útiles, ni prácticos, seguimos intentándolo a pesar del triunfo del mal gusto y lo grosero. Por eso tratamos de tirar ciertas cosas que pueden lastrar nuestras vidas y mostrarnos más perseverantes en la consecución de nuestras ideas y anhelos más profundos.

Metafóricamente hablando, ultimamente me siento como Atlas, soportando todo el peso del globo esférico entre mis hombros, intentando alejarme de pensamientos arbitrarios para poder estimular mi concentración mental, y plasmarla en la consecución de mi propio mundo interior mucho más elaborado, proyectándolo así a mis pinturas. Que te hagan pensar y soñar.

Son tiempos de cambios.




lunes, 29 de agosto de 2016

El promontorio

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid


Esta obra ha significado desde su comienzo un cambio constante de perspectivas y de contenido, fruto de los continuos contratiempos y avatares que la vida que me ha ido obsequiando durante estos últimos meses 

En su inicio, la composición era un campo extenso desde el horizonte hasta el primer plano con una pequeña encina a la izquierda. Después surgió de improviso la idea del promontorio, con un olivo solitario y cierta aridez en el terreno en el primer plano, amortiguada por la irrupción de un manto floral y al mismo tiempo un fundido de verdes y amarillos en la distancia.

Es una pintura complicada, teñida de sensaciones encontradas y muy diversas. En su aparente sencillez no deja indiferencia alguna al contemplarla, al contrario, te permite llegar a algún lugar lejano de unos sentimientos hace tiempo abandonados.

Os presento "El promontorio", obra realizada al óleo sobre lienzo con diferentes texturas.  



"Art is never finished, only abandoned"

viernes, 12 de agosto de 2016

La belleza habita entre nosotros

Eduardo Beltrán García de Leaniz / Madrid

Sorteando las eternas obras que siempre "decoran" la ciudad de Berlín, conseguí adentrarme en la Museuminsel, la isla de los museos berlineses. Rodeado de imponentes y elegantes arquitecturas, junto al impresionante contenido atesorado en todas ellas, este complejo museístico es tan fascinante como abrumador.

Mi meta era una bien clara, visitar el Neues Museum para encontrarme cara a cara con el busto de la Gran Esposa Real de aquel Faraón hereje que se hizo llamar Akenatón, la legendaria Reina de Egipto Nefertiti, "la bella ha llegado".

Entrar en la sala de la cúpula norte del museo y admirar el busto de esta Reina fue un momento mágico, incomparable, indescriptible, superando todas las expectativas posibles, y que ha supuesto un punto de inflexión decisivo en mi consideración del concepto de belleza en el arte. Es la obra de arte más bella que he contemplado en mi vida. Estaba frente a la belleza perfecta.

La armonía del conjunto, la simetría insuperable de su contorno, los delicados colores, los rasgos impecablemente bellos, el misterio que aureola el busto, hacen de esta obra de arte el compendio universal de la perfección y la sencillez, sobre todo tratándose de una obra del siglo XIV a C. Su autor tuvo que estar tocado por algún favor divino parar conseguir tanta belleza en un simple trozo de piedra caliza y estuco.

Preso de una intensa emoción, fui rodeando el busto acristalado constantemente, pues no quería perderme ni un solo detalle del mismo, los pliegues de sus labios, las arrugas de sus ojos, los tendones del cuello, el tono sutil de su piel,...Volví varias veces a la sala para contemplarla de nuevo, es como si no quisiera que ese momento terminara.

Tantos museos recorridos en tantos países, y fue en Berlín donde encontré la belleza perfecta.


Frente al Neues Museum
Julio 2016