Fue un sábado del pasado mes de noviembre cuando, en un momento determinado de la tarde y sin mediar palabra, mi madre me cogió las manos, se las llevó a los labios y me las besó, y con sus ojos llenos de lagrimas me dedicó una mirada, y en ella pude ver toda la gratitud del mundo reflejada en ellos.
De alguna forma, en su mundo, ella sabe que yo estoy siempre cerca de ella, protegiéndola y velando por su seguridad y bienestar, y quizá quiso dejar constancia de lo feliz que es cuando paso unos días con ella cuidándola en Almazán.
Este es un buen momento para hablar de los cuidadores, aquellos que dedican gran parte de su tiempo y de su vida a cuidar de sus familiares en estado de dependencia, facilitándoles vivir en su entorno. Decir que son los olvidados, los incomprendidos, no tienen reconocimiento ni agradecimiento alguno, son personas exentas de galardones, que se mantienen en silencio,... pero cuando se recibe un tributo como éste de la persona a la que cuidas, es cuando realmente valoras la satisfacción personal de realizar una misión con una fuerte carga emocional. El cansancio desaparece, te sientes reconfortado y con fuerzas para seguir adelante.
Es triste decir que el trabajo de cuidador es prácticamente invisible en nuestra sociedad, son personas que viven casi en la clandestinidad, apenas se les tiene en cuenta ni por las administraciones, ni por el entorno inmediato que les rodea, no son valorados. Son personas que se dejan la piel por los que cuidan, pasando tantas noches en vela, teniendo tantos momentos de frustraciones en soledad, con inevitables secuelas físicas y psíquicas.
Pero su trabajo es todo un ejemplo a seguir: cuidar, dar consuelo e intentar hacer feliz a los que realmente importan en esta sociedad tan arbitraria.
Estas palabras van dedicadas a todas esas personas, anónimas en su gran mayoría, que dedican su tiempo y su vida a ayudar a los que lo necesitan, a los que no pueden valerse por sí mismos, a los que sufren, la mayor parte de las veces en entornos familiares difíciles y de gran necesidad, con pocos recursos materiales y económicos, y que sin embargo están ahí, haciendo un trabajo digno de admiración, y que nuestra sociedad se empeña en no reconocer, ni valorar.








