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lunes, 6 de mayo de 2013

Su límpida mirada se apagó para siempre

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Era una tarde de un mes de abril del 2009, algo más frío y seco de lo normal en estas agrestes tierras adnamantinas, cuando mi padre me dio la noticia de que una gata había parido debajo de un montón de tejas y ladrillos en "la casona", y que tres naricillas se asomaban por los recovecos de ese pesebre improvisado por su actual dueña gatuna.


La noticia me llenó de alegría, pues como buen amante de la estirpe felina, sabía que donde nacen gatos significa que la vida y la energía corre a raudales, y son siempre símbolo de buena suerte. Rápidamente salí de casa, cruce la calle a toda velocidad, bajé infinidad de escalones, y  me introduje de lleno en la lóbrega oscuridad del impresionante sótano-bodega de mi padre, lleno de toda clase de inventos y artilugios de todo tipo; un poco ebrio por el efecto balsámico de los dulces efluvios que allí se respiran, salí de nuevo por otra puerta al mundo exterior, traspasando una zona intermedia de innumerables cachivaches, de ahí pasé por fin a la zona del jardín, y al fondo a la derecha descubrí  cómo unas viejas tejas nunca me habían parecido tan hermosas y útiles.

Escondidos tras su parapeto de barro cocido, los tres cachorros jugaban despreocupados con las briznas de hierba que afloraban entre las rendijas de su escondite. Entre ellos sobresalía uno, blanco inmaculado, de una hechura perfecta y elegante, y ya desde tan pequeño despuntaba bondad, nobleza, simpatía e inteligencia, virtudes éstas que fueron el eje de toda su vida. No tardé en acercarme más, cuando de repente su mirada se cruzó con la mía, y si en un principio se mostró algo esquiva, rápidamente cambio de aptitud, y salió de nuevo a observarme. De ahí surgió una amistad que durará eternamente.

Al instante comprendí que este lugar se convertiría en su hogar. No fue difícil convencer a mi padre para que nunca les faltara nada en mis constantes ausencias, pues en los últimos años, mi vida se ha convertido en un ir y venir permanente entre Madrid y Almazán.

Desde entonces, he visto como crecían, como aparecían todos sus maravillosos instintos felinos, como empezaban a descubrir el mundo que les rodeaba, como me recibían cuando llegaba y como me echaban de menos cuando me iba. Pero, fue aquél blanco impoluto, de ojos verdes claros, serenos, el que me robó totalmente el corazón. Su nombre era Blanquita, nombre soso y poco apropiado para semejante belleza, pero que en  las prisas del primer momento se impuso por su obviedad.

Se convirtió en mi amiga, en mi compañera, en mi mejor aliada. Nunca fui su dueño, pues los gatos no lo tienen, ellos son libres e independientes. Pero, su lealtad hacía mi no tenía fin. Cada vez que me veía, la carrera que se pegaba para llegar hasta mí era digna de los mejores atletas olímpicos. Cuando yo aparecía tras la puerta, todo su mundo se iluminaba, no prestaba la más mínima atención a sus otros congéneres, "pasaba de ellos", ella me consideraba su familia real. Nunca supe comprender bien esto, lo correcto hubiera sido trasladarla a vivir a casa de mis padres. Un gato de esas características no estaba hecho para residir en ese lugar.

Con el tiempo, pasado su primer año, se convirtió en una auténtica belleza de Angora, poseedora de un pelo  largo aterciopelado que dejaba boquiabiertos a las personas que la veían. Tenía una habilidad asombrosa para hacerte sonreír y además, dominaba un tipo de baile distinguido, digno de la más exquisita corte vienesa. Me refiero a un baile que ella me obsequiaba siempre que me veía, que consistía en un movimiento acompasado de sus patas delanteras, subiéndolas y bajándolas como si de un caballo de pura raza española se tratara, todo ello acompañado de una sinfonía celestial de ronroneos, y aderezado con un subir y bajar su cabeza, para terminar acomodándose en mis tobillos. Sencillamente asombroso.

Era como un ángel, todo en ella irradiaba paz y tranquilidad. Daba gusto presenciar sus juegos, sus piruetas, sus increíbles acrobacias en los árboles, siempre sin perder esa elegancia natural que todo gato tiene, y que ella poseía por partida doble. Verla sentada en cualquier parte era la transmisión perfecta de la calma.

Fue la mejor madre. Tuvo tres camadas, y el celo con el que cuidaba a sus hijos era digno de admiración. Solamente a mi me permitía tocar a sus recién nacidos. Le encantaba que pusiera mi mano en su tripita cuando sus cachorros estaban mamando, pues quería que mi olor quedara impregnado en ellos como algo suyo. No en vano, dos de ellos, Horus y Nuca, comparten mi vida.

Estas últimas navidades Blanquita estaba radiante, llena de vida y felicidad. Había llegado a una plenitud majestuosa, cerca ya de cumplir cuatro años. Yo pasaba más tiempo con ella, y ella cada vez llevaba peor que yo me fuera. Estaba pensando en subirla definitivamente a casa, pero siempre posponía esta decisión. Nunca me lo perdonaré.

Un invierno sumamente frío, con muchas heladas, nieve y una lluvia incesante, ha sido el ambiente que la naturaleza nos ha obsequiado este año. Si a ello le sumamos una aparente epidemia de gripe felina por estas tierras, la tragedia puede estar servida. Y aunque estas propiedades de mi padre están cerradas, siempre se cuela algún gato vagabundo por algún sitio, buen sabedor de los tazones de comida que nunca faltan allí. Lo peor fue que contagió a alguno de los gatos allí residentes, aunque, poco a poco, todos se fueron curando.

Al terminar el invierno parecía que todo estaba controlado. Sin embargo, a pesar de todos  mis esfuerzos durante estos gélidos meses por aislar a Blanquita de los demás, al final ella también se contagió a mediados de marzo. En ningún momento dudé que lo superaría, como el resto, pues ella era la más fuerte y sana de todos. La desgracia fue que, además de esa semilla nociva, Blanquita era también portadora de otra semilla muy diferente, ¡la de la vida!. Blanquita estaba preñada.

Desde entonces y hasta finales de abril, las fuerzas le fueron fallando. El catarro había ya remitido, pero, tanto las secuelas de éste, como la vida que latía en su interior le habían producido un debilitamiento físico general, que al final no pudo superar.

En mi última visita a Almazán, mi preocupación  se acrecentó, pues estaba realmente frágil, pero la esperanza siempre se abre camino en lo más profundo de nuestro ser. Me negaba a admitir que no se fuera a recuperar. Volví a Madrid. Las llamadas de mi hermano me alertaron, llevaba dos días sin verla. Regresé rápidamente,  pues me temía lo peor. Tenía que encontrarla aunque tuviese que remover hasta los cimientos de ese lugar.

Era una mañana fría, triste, cuando accedí al recinto ajardinado para buscarla. El corazón se me aceleró cuando la vi tumbada en el mismo sitio de siempre. Estaba allí esperándome. Ella ya sabía que yo venía, y casi moribunda salió de su cobijo para encontrarse conmigo y despedirse. Un gesto más de su nobleza. Con los ojos llenos de lágrimas la cogí en brazos, la envolví en una manta y me la llevé a casa. Le lavé los ojos, la puse en el coche y la llevamos urgentemente a un veterinario de Soria. Es un viaje de apenas quince minutos, pero a mí se me hizo eterno.

El diagnóstico fue desolador. Estaba muy mal, su corazón latía débilmente. El veterinario me dio dos opciones. La primera, de pura lógica, la descarté rápidamente. Y me aferré de forma rotunda a la segunda, a la que atisbaba un resquicio de esperanza. Un tratamiento antibiótico, y a esperar.

No llegó a casa. En el camino de vuelta a Almazán, su débil corazón se paró definitivamente. Su último estertor llegó poco después de que yo la acariciara. Parecía que estaba dormida, sus ojos claros me miraban, me resistía a crear que había muerto, e intentaba reanimarla cogiendo sus patitas. Nada, de repente todo se convirtió en nieve a mi alrededor.

 Blanquita había muerto.

Cavé su tumba a los pies del abeto en el que ella solía tumbarse en las horas más calurosas del verano, y no lejos de aquel escondite de tejas que la vio nacer. El sol salió tímidamente aquél día. Era un fatídico 26 de abril. Aún caliente, sin  que la rigidez de la muerte hubiera hecho mella en él, deposité su cuerpecito en la tumba, y la cubrí de tierra. Algunos pajarillos cantaban en la copa del árbol. La energía emanaba en abundancia en ese lugar. Eran las dos de la tarde.

Bajo la imagen protectora de ese imponente abeto, con sus largas ramas arropando su tumba, dejé descansar su sueño de eternidad a Blanquita. Regresé a casa. Y la desolación se apoderó de mi.

Justo una semana después volví. Su tumba estaba cubierta de cristalinas gotas de rocío. Se respiraba paz y tranquilidad. Ya se había marchado. Le plante un rosal del color de su alma y le encendí unos palillos de incienso. Ahora descansa en paz.

"Siempre mantendré viva tu presencia".





Blanquita
Enero del 2013








miércoles, 1 de mayo de 2013

El Musée d'Orsay en Madrid

Eduardo Beltrán y García de Leaniz / Madrid

No encuentro calificativo idóneo para describir la doble exhibición que ha organizado la Fundación Mapfre en Madrid. Me refiero a las exposiciones "Impresionistas y postimpresionistas" y "Luces de Bohemia". La primera reúne setenta y ocho obras maestras del Musée d'Orsay, representantes de la última época del impresionismo y el comienzo del postimpresionismo, de la cual comentaré en esta ocasión. En cuanto a la segunda, pretende establecer cierto parecido entre la bohemia gitana y la bohemia artística. En definitiva, un auténtico baño de arte en pleno centro de Madrid. 


La exposición "Impresionistas y postimpresionistas. El nacimiento del arte moderno" nos sumerge primeramente  en el inigualable mundo del cambio pictórico que supuso  la aparición en escena del movimiento impresionista, que acabó drásticamente con la forma de pintar y entender la pintura que existía hasta ese momento. Asimismo, significó también un cambio radical en la forma de interpretar el mundo, mirándolo de una manera diferente. Tan solo celebraron ocho exposiciones conjuntas como grupo, entre 1874 y 1886, año este último que puso de relieve sus diferencias y su crisis, evidenciándose la aparición de un nuevo movimiento innovador al que se llamó postimpresionismo, cuyos principales artífices son Cézanne, Van Goth y Gauguin.


Adentrándonos en la exposición, el magnetismo de las primeras obras expuestas de Monet, Degas y Renoir es totalmente cautivador. Contemplar "Efecto de viento. Serie de los álamos" o "Estanque de nenúfares" de Claude Monet, "Las bañistas" o "Muchachas al piano" de Auguste Renoir, o "Bailarinas subiendo una escalera" de Edgar Degas, te transportan a una forma diferente de entender las cosas, a una estética exquisita de expresar el arte. Mención aparte las obras de Paul Cézanne, nexo de unión entre el impresionismo y el postimpresionismo, y que sería el padre de las primeras vanguardias, destacando entre las obras presentadas, "Bodegón con cebollas" y "Manzanas y naranjas".

Y llegar al espacio ocupado por las obras de Van Goth es como entrar en el paraíso. No puedo negar que Vincent Van Goth es mi pintor favorito, siempre lo ha sido. La intensa búsqueda pictórica de este genial pintor neerlandés está íntimamente ligada a su atormentada vida personal. La muestra recoge seis maravillosos trabajos del autor, incluido uno de sus 27 autorretratos. Las obras coinciden con su llegada a París y su estancia en Arlés, donde empezará a utilizar los colores intensos, como esas maravillosas "Coronas imperiales en un jarrón de cobre", flores cargadas de pigmentos, y que serían prolegómeno de lo que vendría después, con sus girasoles y sus lirios. 

En las salas contiguas, grandes trabajos de Toulouse-Lautrec, gran retratista de Montmartre, entre los que destacaría "Mujer con guantes" y "La payasa Cha-U-Kao";  de Paul Gauguin, en su etapa de Pont-Aven, con un magnífico lienzo "Campesinas bretonas"; y de Émile Bernard destacaría su obra "Bretonas con sombrillas".

Representantes del neoimpresionismo, con obras puntillistas, distinguiría a Camille Pisarro con su bellisima obra "Campesina haciéndo fuego", y  a Paul Signac con "El palacio de los Papas". 

Finaliza el recorrido con una magnifica representación de la pintura nabis, movimiento que lleva a cabo una auténtica revolución estética, donde lo decorativo adquiere una gran importancia. Destacaría "El talismán", de Paul Sérusier, "Bajo la lámpara" de Pierre Bonnard, y "Las musas" de Maurice Denis.

Contemplar estas obras maestras del Musée d'Orsay en Madrid es un autentico privilegio. Felicitar a la Fundación Mapfre y al Musée d'Orsay por tan excelente despliegue de arte. 





En el paseo
Cera sobre papel
1979




lunes, 25 de febrero de 2013

Las lágrimas de Nuca

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid


Dicen que los gatos no tienen lágrimas, excepto en alguna ocasión cuando están enfermos. Puedo dar fe de que esto no es cierto. Últimamente, cada vez que me voy el fin de semana fuera de Madrid, Nuca no lo soporta, y antes de cerrar la puerta de casa, a esta increíble criatura se le empiezan a asomar ese liquido divino que sólo ella es capaz de derramar por mi ausencia.

Puede que sea algo insólito, pero la verdad, es algo tan conmovedor que a veces resulta doloroso separarme de ella. Nuca me está demostrando que mi ausencia le importa mucho, aunque solamente sean tres o cuatro días sin verme. No puede soportar que tantos momentos junta a ella se paralicen constantemente en su vida. El tiempo que le dedico no es suficiente, ella necesita mi compañía diaria, mis juegos continuos con ella, los mimos que le ofrezco, y  en esos momentos en que ella está dormitando, sabe que yo estoy cerca, velando por su bienestar, y sueña feliz y segura. 

Ahora que estoy pintando nuevos cuadros, suele venir cerca de mi caballete, y como sabe que estoy ocupado, se suele tumbar en una silla cercana a la mía, observando primero el trasiego de los pinceles y las pinturas, para entregarse poco a poco en los brazos de Morfeo, sabedora ella que su compañero está atareado intentando crear obras de arte, pero siempre con sus orejitas atentas a cualquier movimiento extraño que yo pueda hacer. Los gatos nunca duermen como nosotros entendemos el sueño, aunque con los ojos cerrados, están siempre atentos a todo lo que ocurre a su alrededor.

Nuca sabe que soy su salvador, se ha portado siempre con nobleza y agradecimiento, es sabedora del profundo amor que le dedico, y me lo devuelve infinitamente acrecentado. Su fino olfato felino le dice que entre mis brazos ella puede dormir tranquila y contenta, y que en un rato me entregaré a sus juegos y mimoseos constantes que tanto le gustan.

Tiene que compartir el espacio con otros dos congéneres de su especie, pero esto nunca ha supuesto un impedimento para ella, más al contrario, trata de mediar entre ellos para que haya paz. Nuca es un felino inteligente y tranquilo que lo único que desea es que mi presencia lo inunde todo. Todo su mundo gira alrededor de mi. Por eso no entiende mis continuas ausencias. 

Sabe que mi ojito derecho es Boira, pero no es envidiosa, ni egoísta. Entiende perfectamente que Boira es especial, pues la crié a biberón desde que tenía cinco días, y está siempre pegada a mí, marcando territorio, pues Boira me considera de su propiedad, y no admite intrusiones en este sentimiento intenso. También está Horus, el travieso de la casa, que tampoco puede vivir sin mis atenciones. Pero, al final, los tres forman una especie de simbiosis perfecta de caracteres diferentes que dan vida y felicidad al espacio que compartimos.

Ellos saben que son privilegiados, son gatos muy inteligentes y civilizados, de los que muchos humanos debían tomar ejemplo. Aún así, siempre conservan ese instinto innato de cualquier felino que se precie, es decir, su indomable carácter que los hace inigualablemente enigmáticos. Ellos me dan mucho más de lo que yo les doy a ellos.

 Nuca es una gata amable, cariñosa, atenta, y aunque un poco gordita, es una auténtica belleza. Nada en ella  es sinónimo de ingratitud, incluso cuando ha tenido que visitar al veterinario se comporta como una autentica profesional de la dulzura. A todo el mundo deja encandilado. Por eso, cuando la veo llorar al marcharme, algo en mi corazón se marchita, para volver a florecer cuando, a mi vuelta, al abrir la puerta de casa viene corriendo a recibirme "desmayándose" a mi paso.

Este es un pequeño homenaje a esta preciosidad, pero que extiendo a todos esos gatos que comparten la vida de tantos millones de personas en el mundo, y muy especialmente todos esos gatos, que sin hogar, siguen alegrando nuestras vidas. Tener un gato en casa alarga la vida de las personas. Y esto es una realidad.




Nuca

sábado, 9 de febrero de 2013

Las Tablas de Almazán

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

En ocasiones, el  imprevisto hallazgo de algo que te hipnotiza completamente, y que te hace sentir emociones intensas (como sólo la contemplación de una obra de arte puede hacer), es motivo más que suficiente para dedicarle unas lineas.

En este sentido, centrándome en mi último viaje a Soria, para visitar Numancia y el Museo Numantino, tuve la agradable sorpresa de descubrir en una de las salas de este museo, especialmente habilitada para ello, una exquisita  obra de la pintura gótica. Me refiero al llamado "Tríptico de Almazán", atribuido al genial maestro de la pintura primitiva flamenca Hans Memling (1440-1494).

Saborear sus detalles, detenerme en la observación de sus pinceladas, descubrir la delicadeza de algunos rasgos, encontrar trazos apenas visibles,... me hicieron sentir un auténtico privilegiado, y más, sabiendo que esta obra procedía de Almazán, cuyo Ayuntamiento es el propietario, y que en un futuro próximo se expondrá en su emplazamiento definitivo, una sala habilitada en el Palacio de los Hurtado de Mendoza de Almazán.

Lo que se conserva de este magnífico trabajo pictórico son las dos alas que cerraban lo que en su día fue un tríptico, faltando su parte central, hoy desaparecida. Son de madera de roble, pintadas al óleo y doradas. En el ala derecha está representada Santa Isabel de Hungría y en la izquierda San Pedro Apostol. En la parte exterior, o sea cuando el tríptico está cerrado, lo que se observa son las figuras franciscanas de San Francisco de Asís en el batiente izquierdo, y San Bernardino de Siena en el derecho.

El Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Simancas, es el que ha llevado a cabo la restauración, además de un estudio multidisciplinar y de conservación de la pintura, así como un exhaustivo examen de  investigación que ha utilizado técnicas de análisis como la reflectografía o la fluorescencia de rayos x, que han sacado a la luz detalles propios de la pintura de Memling. Entre estos, destacar la pincelada de determinados rasgos anatómicos, como los pies, las manos y las pupilas de los personajes.

Es realmente una delicia observar la representación de Santa Isabel de Hungría, vistiendo el hábito franciscano debajo de la capa y sosteniendo en su brazo izquierdo la túnica de San Francisco, dentro de un espacio interior, con un suelo de mosaicos y grandes ventanales de arcos que se abren a un horizonte donde de pueden apreciar en la lejanía a dos personajes, uno de ellos una religiosa, en un edificio de construcción tipicamente flamenca, y que podría tratarse de un convento o algo parecido.  En el caso de San Pedro, el interior muestra los mismos mosaicos y arcadas, mientras que el horizonte está formado por un paisaje montañoso, y se representaría como fundador de la Iglesia de Roma.

En cuanto a su ubicación en Almazán, las tesis históricas nos llevan directamente a la época de los Reyes Católicos, y a sus continuas estancias en esta villa, entre 1474 y 1498, residiendo junto a su Corte en el Palacio de Antonio Hurtado de Mendoza. En primer lugar, lo que está claro, es que el estudio de los materiales y las técnicas utilizadas permiten ratificar, sin lugar a dudas, que es una obra de importación realizada en los talleres de Flandes, los cuales contaban en esa época con importantes encargos de los Reinos Hispanos. Esta obra está datada hacia 1480.Y en segundo lugar, Hans Memling fue uno de los pintores favoritos de Isabel la Católica, que unido al hecho de la especial adhesión de la reina a la observancia franciscana, parece más que evidente su procedencia.

Es curioso el hecho de que hace apenas unos meses estuviera visitando esta zona de Flandes. Me refiero a la maravillosa ciudad de Brujas (Bruges), donde Memling vivió desde 1465 hasta su muerte en 1494, y donde pintó la mayoría de sus obras. Y es en esta ciudad donde se encuentra el Museo Memling, ubicado dentro del Sint-Janhospitaal, uno de los museos más bonitos que he visto en mi vida. Aquí se exponen 5 de las más exquisitas obras de este genial pintor. Entre ellas el "Tríptico de San Juan Evangelista y San Juan el Bautista"(1474-1479), pintura que su sola contemplación te deja absorto. Guardando las distancias, se pueden observar ciertas similitudes con el estilo del "Tríptico de Almazán".

En definitiva, una auténtico descubrimiento para los amantes del arte, y para todas aquellas personas que saben emocionarse ante determinadas percepciones. Y mi enhorabuena al Ayuntamiento de Almazán, por hacer posible esta exposición, y su ubicación permanente en la villa, para que todo el mundo pueda apreciarla.











Portada del catálogo de la exposición en el Museo Numantino de Soria



Interior del catalogo con la recreación de una ficticia tabla central






martes, 22 de enero de 2013

Numancia, destino de héroes invictos

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Como buen soriano y conocedor de las grandes gestas que han llevado a cabo los habitantes de estas agrestes y duras tierras de la meseta castellana, no podía dejar de conocer uno de los lugares más emblemáticos, no solo de Castilla, sino de toda España, y por ende de Europa. Me refiero a Numancia, la legendaria población celtíbera que mantuvo en jaque al Imperio Romano en el siglo II a.C. Basta pronunciar su nombre para que suenen evocaciones gloriosas y heroicas de un pueblo que se opuso tenazmente a perder su libertad. Un pueblo que desde entonces entró en la leyenda universal.

Durante siglos, Numancia ha sido el punto de referencia para los pueblos que han luchado incansablemente por su independencia y su libertad.

Esta pequeña y modesta ciudad celtíbera asentada en el corazón de Iberia, fue la capital de los arévacos. Era el momento de gran esplendor de la República de Roma, que se había convertido en la principal potencia del Mediterráneo, y la provincia de Hispania fue la que más problemas causó al impresionante poderío militar romano. El sitio a Numancia constituyó un auténtico hito que forjó uno de los rasgos más característicos de lo hispano: el amor a la libertad y el sacrificio personal por la defensa de una causa justa, como asimismo la lucha contra la injusticia.

Han sido varias las veces que he visitado estas ruinas heroicas en el pasado. Hace unos días las volví a visitar, en pleno invierno soriano, que en estas Altas Tierras se manifiesta en toda su crudeza. No obstante, los caprichos del tiempo nos dieron una tregua, y nos obsequió con un día soleado y claro, lo que nos permitió deleitarnos con las impresionantes vistas desde el extenso Cerro de la Muela, donde se asienta Numancia. Maravilloso fue observar el Moncayo, el pico más alto del Sistema Ibérico, que con sus 2.324 metros de altitud conserva nieves casi todo el año, y que fue montaña sagrada de los celtíberos.

Las personas que hayan visitado este enclave estratégico podrán dar fe de la situación excepcional que los arévacos vieron en este lugar para construir su ciudad. Desde este promontorio se divisa una amplia llanura, atravesada por el río Duero, y nuestra vista se pierde a kilómetros de distancia.

Comentaré brevemente algunos aspectos históricos para así intentar comprender mejor el valor de este yacimiento. Después de 20 años de continuos ataques y asedios por parte de Roma, cuyos cónsules y ejércitos fueron vencidos humillantemente una y otra vez  por los numantinos, en el año 134 a. C. el Senado romano tiene que enviar a Publio Cornelio Escipión Emiliano, quien con un ejército de 60.000 hombres puso sitio a Numancia, que contaba en ese momento con un ejército de sólo 4.000 soldados. Tuvieron que pasar 15 meses más para que la ciudad cayera, victima del hambre y las enfermedades, siendo éste el peor castigo para el honor de un soldado celtíbero: no poder morir en el campo de batalla.

La táctica de Escipión no consistió en luchar y atacar la ciudad (en vista de las sucesivas y vergonzosas derrotas anteriores), sino que le puso un cerco brutal, fortificándolo con siete campamentos en los cerros que rodean la ciudad, unidos por un muro de 3 metros de alto, 2,4 de ancho y  9 kilómetros de perímetro, con fosos y empalizadas, y levantando torres por todas las partes, a unos treinta metros unas de otras. Escipión no quiso enfrentarse al ejército numantino, su intención era cortar todo tipo de suministro a la ciudad, condenando a sus habitantes a morir de hambre y sed. A pesar de intentar romper el cerco varias veces, los numantinos no lo consiguieron.  Y aquí se cierra uno de los actos más sobrecogedores de Numancia, y que la convirtió en todo un símbolo.

Este orgulloso pueblo celtíbero, famoso por sus bravos guerreros, que hicieron temblar a Roma y arrodillarse a sus temibles legiones ante ellos,  prefirió inmolarse en la pira de su ciudad por ellos incendiada, antes que rendirse y perder su libertad. Prefirieron quitarse la vida ellos mismos a la rendición. La muerte antes que la esclavitud. No fueron vencidos por Roma, sino por el hambre. Ambon, Leucon, Litennon, Megara y Retógenes, nombres de jefes numantinos, entraron para siempre en la gloria.

Los propios escritores e historiadores romanos, impresionados por esta gesta, expresaron su admiración por este pueblo ibérico, y llevaron a la exaltación sus actos de heroísmo. Citaré a Polibio, Ptolomeo, Plinio el Viejo, Tito Livio, Estrabón, Tácito, Apiano, Rutilio Rufo, Floro,Dión Casio, Petronio, Valerio Máximo,... entre muchos otros.

Haciendo un paréntesis narrativo, me gustaría puntualizar que en mi opinión es curioso que sean los franceses precisamente los que saquen una historia en cómics de una aldea gala invencible  que nunca existió, y que tuvieran además una pócima secreta. Me viene ahora a la memoria la famosa bebida de los celtíberos de Numancia, la caelia, una especie de cerveza hecha a base de cereales fermentados que tomaban los numantinos en rituales o para prepararse para la guerra. Demasiadas coincidencias, ¿no?. Que cada uno saque sus conclusiones.

Por lo que respecta a la ciudad, arquitectonicamente hablando, los visitantes podemos contemplar en la actualidad una amplia superficie excavada, unas 6 hectáreas, que comprende 19 calles y 20 manzanas. Es interesante comprobar  in situ que la ciudad estaba perfectamente planificada para evitar las inclemencias de los crudos inviernos con el fuerte y frío viento del norte. Así, el trazado de las calles es quebrado en las intersecciones, para cortar el viento y que este choque continuamente con pared. La ciudad estaba protegida por una potente muralla de  hasta 6 metros de alto y 4 de ancho, con cuatro puertas de entrada, que coincidían con los cuatro puntos cardinales. Además tenía varias torres defensivas. Este lienzo amurallado se adaptaba excelentemente a las características estratégicas que ofrecía el terreno.

En cuanto a las viviendas, el yacimiento ofrece la reconstrucción de dos casas, una celtibérica y otra de la época romana, que muestran como era la vida cotidiana de sus habitantes en esos momentos. También podemos observar aljibes o depósitos de agua de lluvia, algunos con escaleras, tanto dentro de los patios de las casas particulares, como en zonas públicas.

Con la caída de Numancia, en el año 133 a.C., la ciudad apenas volvió a ser habitada hasta casi un siglo después, en época de Augusto, recuperando su aspecto urbano. Esta nueva ciudad se construyó sobre las ruinas de la ciudad celtibérica, para poco a poco empezar a despoblarse con la caída del Imperio Romano.

Con el paso de los siglos la memoria de Numancia cayó en el olvido, sumergiéndose en el sueño de los tiempos. Hasta el siglo XVIII no se supo ubicar exactamente su emplazamiento. Y así permaneció dormida, hasta que en el año 1903 el arqueólogo alemán Adolf Schulten comenzó las excavaciones arqueológicas, delimitando el plano de la ciudad y los campamentos romanos que la sitiaron, sacando a la luz los espectros dormidos de aquellos numantinos gloriosos que dieron su vida por la libertad.

En definitiva, un auténtico recorrido de leyenda, que marca la gran epopeya de un pueblo auténtico, celoso de sus costumbres, de sus valores, de sus creencias y de sus tierras, estas Tierras Altas del Duero, que tantas veces han dado a la historia momentos memorables.

Visitar este enclave estratégico es un auténtico placer, que abre nuestra imaginación hacia un mundo legendario. Y para complementar este viaje, es obligado ver el magnífico Museo Numantino de Soria, un museo que recoge la historia de la provincia, con restos importantes desde el Paleolítico Inferior, pero deteniéndose especialmente en la cultura celtibérica, con muchas piezas procedentes de los yacimientos de Numancia, destacando una espléndida y exclusiva colección de cerámicas pintadas numantinas.



Yacimiento Celtíbero de Nmancia. Soria
Tomada el 4 de enero de 2013


Yacimiento Celtíbero de Numancia. Soria
Tomada el 4 de enero de 2013


Yacimiento Celtíbero de Numancia. Soria
Tomada el 4 de enero de 2013


Yacimiento Celtíbero de Numancia. Soria
Tomada el 4 de enero de 2013


"La caída de Numancia" (1881), de Alejo Vera. Diputación Provincial de Soria
Tomada el 4 de enero de 2013

martes, 25 de diciembre de 2012

Feliz Navidad

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Almazán

Aunque hace tiempo que no publico nada en mi blog, eso no quiere decir que me haya olvidado de él. Las circunstancias que me rodean y la falta de esos momentos esenciales y especiales que puedo dedicar a escribir, son la causa principal de esta carencia. A pesar de ello, y en espera de volver a retomar de nuevo el pulso creativo, me gustaría desear a todos los lectores de mi blog Ebelgarle una Feliz Navidad. Ha sido un año difícil para muchas personas, entre las cuales me incluyo. Por eso, mis mejores deseos para todos vosotros en ese 2013 que ya se aproxima.




Casita navideña frente a la Ópera de Budapest
Tomada el 23 de diciembre de 2012

miércoles, 10 de octubre de 2012

Retorno a Atapuerca

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid


Volví a Atapuerca. Y si la primera experiencia fue inolvidable, esta segunda superó todas las expectativas. Era una visita especial, que había reservado con antelación, y en la que con un grupo reducido íbamos a visitar en primera linea el yacimiento de la Sima del Elefante. Al llegar, tuvimos la agradable sorpresa de que Eva volvía a ser, de nuevo, nuestra arqueóloga guía para adentrarnos en ese mundo intrincado, inundado de miles de años, de esta cueva kárstica con 15 metros de sedimentos, principalmente arcillas, cargados de un material esencial para recomponer no sólo nuestro pasado humano, sino también para conocer la fauna, la vegetación y el clima de esas épocas.


Era esta una gran oportunidad en la que pudimos observar a pie de cueva y apenas a unos centímetros, como se fueron formando los diversos estratos que la rellenan y conocer al mismo tiempo cómo es el trabajo  de campo realizado por los arqueólogos. Tuvimos el privilegio de subir por los andamios hasta lo que era el techo de la cueva, y bajar después hasta casi el suelo de la misma, digo casi pues todavía faltan 6 metros de excavación para llegar al mismo. Es en esta zona donde se encuentran los estratos más antiguos de la cavidad, superando 1,2 millones de años. Además, desde esta posición única, pudimos hacernos una idea de cuales eran las dimensiones reales de la cueva antes de saturarse de sedimentos durante el último millón de años.

Siguiendo atentamente la inigualable explicación de Eva, iba abriéndose a mi paso todo un amplio abanico de conocimientos que atesoran esas paredes arcillosas de tonalidades diferentes, que indican las distintas estratificaciones. Entre otras cosas, pudimos apreciar en sus niveles superiores la presencia de huesos fósiles de animales, posiblemente caballos. Esta zona correspondería a la parte media de la cueva, con una antigüedad de 300.000 años, donde hay también una gran presencia de herramientas líticas achelenses.

Y si hubo algo realmente emocionante, fue la contemplación de una cinta rosada en el nivel TE9. Esto significaba que en ese preciso lugar aparecieron en el año 2007 los restos humanos más antiguos del continente. Me refiero al descubrimiento de una mandíbula humana con alguno de sus dientes, con una antigüedad de mas de 1,2 millones de años, convirtiéndonos en los primeros europeos. A esta especie de homínido se ha denominado Homo SP, lo que significa que pertenece a una especie aún no determinada. Se piensa que es un representante antiguo de la especie Homo Antecessor. Además, a raíz de este descubrimiento se teoriza sobre un posible origen asiático y no africano en la evolución humana europea.

Había una cuestión, no obstante, que despertaba enormemente mi curiosidad, ¿cómo era posible conocer con tanta precisión la antigüedad ,tanto absoluta como relativa, de los restos fósiles? Yo ya conocía  los sistemas radiométricos, como el Carbono 14 (data hasta 60.000 años) y el Uranio (data hasta los 500.000 años), pero para tiempos superiores al millón de años, que métodos se utilizaban. Eva disipó rápidamente la duda: bioestratigrafia y paleomagnetismo.

Me llamó mucho la atención el empleo del segundo método, que estudia los cambios de polaridad que han tenido lugar en la Tierra durante los últimos dos mil millones de años, es decir un intercambio de los polos Norte y Sur. Se trata de encontrar minerales que contengan propiedades magnéticas, como la magnetita. Así, cuando se encuentra este mineral en las excavaciones arqueológicas, según la orientación que tenga se puede conocer su edad, comparando con los datos bioestratigraficos. En el caso de la Sima del Elefante, se encontró este cambio de polaridad en los niveles 16 y 17, que corresponden a 780.000 años.

Esto me trae a la memoria algunas noticias que he leído últimamente sobre el colapso magnético que se esta produciendo en la Tierra en estos últimos años, y que varios científicos apuntan a un posible cambio de la polaridad Norte y Sur. Se conoce que existe un cambio de polaridad cada medio millón de años. El problema está en que mientras se produce el cambio, nuestro planeta se queda sin protección ante los rayos cósmicos durante un cierto tiempo.

En fin, explorando todo un mundo fascinante, lleno de matices y abierto al descubrimiento de auténticos tesoros fósiles, que abarca muchas facetas de nuestro vasta cultura peninsular europea. Atapuerca abre sus puertas a un horizonte de conocimiento sin igual sobre nuestro paso por este planeta, y las futuras excavaciones en los yacimientos de seguro darán unos resultados que todavía nos asombrarán más. Mis mejores deseos para todos los que componen el conjunto Atapuerca.



Estratos de Sima el Elefante, donde se pueden apreciar huesos fósiles de animales.
Tomada el 29 de septiembre del 2012



Cinta que marca el lugar donde se encontró la mandíbula humana de 1,2 millones de años.
Tomada el 29 de septiembre del 2012


Estalactitas formándose en un hueco cercano al  suelo de la cueva.
Tomada el 29 de septiembre de 2012

martes, 18 de septiembre de 2012

Un lugar para descubrirnos: Atapuerca

Eduardo Beltrán y García de Leániz  /  Madrid

La Sierra de Atapuerca en Burgos se ha convertido en el lugar de referencia mundial para sumergirnos en el incógnito pasado de la evolución humana. Las especiales condiciones de este entorno geográfico hicieron posible que animales y humanos compartieran un medio idóneo perfecto para desarrollarse dentro de unas pautas que marcarían el clima y la vegetación en pleno Pleistoceno. Un clima y una vegetación cambiante enmarcados por la geología peculiar del terreno.

La llegada al yacimiento estuvo cargada de emociones diversas, siendo la más excitante el saber que íbamos a encontrarnos con un trozo de nuestro pasado más remoto, nada más y nada menos que el ocurrido hace más de 1 millón de años, convirtiéndonos en los primeros europeos en habitar el  continente.

Y en este lugar cargado de energía, guiados por la mano experta de Eva, fuimos adentrándonos en la Trinchera, donde se encuentran tres de los más importantes yacimientos de la sierra, descubriendo la magia que sólo la arqueología puede ser capaz de transmitir. Un trabajo apasionante el llevado a cabo por el arqueólogo, que armado de una infinita paciencia se encierra en un metro cuadrado de suelo, para sacar a la luz esos tesoros fósiles, esos huesos que nos harán soñar con unas épocas tan desconocidas como fascinantes, retrocediendo nuestra memoria a muchos miles de años.

Y si hay algo que acumula Atapuerca, es eso, miles de fósiles, huesos de animales de más de 80 especies, como hipopótamos, rinocerontes, elefantes, osos de las cavernas, tigres dientes de sable, bisontes, panteras, hienas, linces, lobos, ciervos, caballos, murciélagos, leones, musarañas, erizos, ...; restos fósiles de la vegetación; una gran cantidad de herramientas líticas, bifaces, hendedores, percutores, raspadores, lascas, ... de sílex, de cuarcita, de arenisca, ...; y lo más importante, la presencia de fósiles humanos.

Todo este material fósil se encuentra en interior de las cuevas, mezclado con los sedimentos arcillosos que fueron arrastrados por la fuerza del tiempo desde el exterior, rellenando estas cavidades en su totalidad,  superponiéndose en diversos estratos, cuyo orden temporal nos van indicando la antigüedad de lo allí encontrado. Estas especiales condiciones de conservación hacen que todo este material esencial y único atrapado en el interior de estas cuevas, pueda poner un poco más de orden en el dilema de nuestra evolución.

En el yacimiento de Sima del Elefante se han recuperado restos humanos con una antigüedad de más de 1,2 millones de años, pertenecientes a una especie de homínido aún no determinada a la que se ha denominado Homo SP. También se han encontrado herramientas líticas del Paleolítico Arcaico, y cantidad de huesos de animales, sobre todo caballos.

En este sentido, Atapuerca es uno de los yacimientos más importantes del mundo en todos los aspectos. Fue en las excavaciones de la Gran Dolina, en el nivel TD 6, cuando en julio de 1993 se produjo un acontecimiento mundial, el descubrimiento de una nueva especie de homínido, al que se le llamó homo antecessor, el hombre explorador, con una antigüedad de alrededor de 800.000 años, considerado el último antepasado común del linaje de la humanidad actual y de la estirpe de los neandertales. Han aparecido hasta el momento 80 fósiles humanos, pertenecientes a 6 individuos. Y lo realmente asombroso es que todas las pruebas apuntan a que todos estos restos humanos encontrados fueron devorados por otros seres humanos, en lo que se considera la primera manifestación de canibalismo de la historia.

La otra especie presente en Atapuerca es el homo heidelbengensis. En el yacimiento de Cueva Mayor, se descubrió la misteriosa Sima de los Huesos, una pequeña cavidad al final de una rampa de 13 metros, donde se han recuperado más de 5.000 fósiles humanos de esta especie (incluidos huesos del oído medio, algo insólito en arqueología), pertenecientes a 28 individuos, entre mujeres, hombres y niños, con una antigüedad de alrededor de 400.000 años, en pleno Pleistoceno Medio. Mezclados con estos fósiles humanos aparecen restos de más de 180 Ursus deningeri, una especie de oso ya extinguida. Pero, si hay algo que tiene de fascinante la Sima de los Huesos, es precisamente su posible función simbólica, ya que todos estos cadáveres fueron depositados allí por parte de otros seres humanos (¿primera manifestación funeraria?), lo que deja entrever que estos homínidos tenían ya  una conciencia de grupo y compartían creencias hace medio millón de años. Es el mayor yacimiento de fósiles humanos de la historia.

La maravillosa experiencia de conocer los yacimientos de Atapuerca, la pude completar visitando el Museo de la Evolución Humana de Burgos, inaugurado en julio de 2010, un edificio magnífico en forma de prisma de cristal, donde la luz natural invade todo un espacio diáfano, ideado para que el visitante pueda sumergirse de una forma dinámica y natural en la narración  de la evolución humana, y con una gran presencia del paisaje de la Sierra de Atapuerca, tanto fuera como dentro del museo. Nuestro guía, Andrés, nos dió una explicación genial en todo el recorrido. Un museo verdaderamente impresionante, tanto en su concepto, como en su contenido. Y algo realmente inusual: el museo muestra los fósiles originales de los yacimientos, convirtiéndolo en algo único y excepcional.

Por lo que respecta a los Neandertales, se han determinado, hasta el momento, al menos 4 yacimientos de herramientas usadas por este homínido, pero todavía no se han encontrado restos óseos de ellos.

Atapuerca, Patrimonio de la Humanidad, ha sido una experiencia única, maravillosa, inolvidable, llena de momentos emocionantes, y que te atrapa desde el mismo instante que pones un pie en ella. Mi más sincera felicitación y admiración a todos los que han hecho posible semejante proeza, arqueólogos, paleontologos, geólogos, paleoantropólogos,... Y mi profundo agradecimiento a todo el personal altamente cualificado y preparado, gracias por vuestra simpatía, amabilidad y profesionalidad, tanto en el museo como en los yacimientos, algo que hoy día es difícil de encontrar.

En definitiva, un lugar mágico que no puede dejar de visitarse, pues descubriremos sensaciones que no habíamos  tenido nunca, y saldremos con una lección magistral de como ha sido nuestro deambular por la Madre Tierra. Y al mismo tiempo, siempre es un placer pasear por las históricas calles de Burgos, una de las ciudades más monumentales y bonitas de España.



Eva en su clase magistral. Atapuerca. Burgos
Tomada el 23 de agosto de 2012

domingo, 19 de agosto de 2012

Visitando el Cañón del Río Lobos

Eduardo Beltrán y García de Leániz  /  Madrid


Escapando de los rigores del verano madrileño, tomamos rumbo en dirección norte, y atravesando la orografía más antigua de la Península Ibérica, constituida por la Meseta Central, llegamos a un lugar donde parece que el tiempo se ha detenido de golpe, ofreciéndonos un espectacular deleite para unos sentidos ya de por si atrofiados por una vivencia urbanita que venimos arrastrando como un lastre. Encontrarse en plena naturaleza virgen, donde el silencio sólo se rompe por el trinar de las innumerables aves y el canto de las cigarras, y algún balido que otro de algún rebaño cercano de ovejas, es por sí solo un bálsamo para nuestras vidas agobiadas. Y qué decir de los aromas que nos ofrendan estos montes: tomillo, espliego y salvia.


La llegada al cañón, a través de un sendero franqueado de sabinas, pinos y encinas,  nos sorprende por la visión en una pradera de un enclave románico tardío de principios del siglo XIII, la ermita de San Bartolomé, con un gran simbolismo, la cual formada parte de  un cenobio de los templarios del que sólo se conserva la capilla. Este hecho nos agita la imaginación de inmediato, recordando los innumerables misterios que la Orden del Temple nos ha dejado sin descubrir hasta su extinción definitiva con su último Gran Maestre, Jacques de Molay, en 1314. 

Esta ermita se integra perfectamente con la naturaleza, su planta es de cruz latina y posee un sobrio ábside con pilastras de columnas y arcos de medio punto. También tiene algún elemento gótico. Y me gustaría destacar como elemento arquitectónico el óculo hastial o rosetón, compuesto por una estrella de cinco puntas que da lugar a un pentágono entrecruzado por cinco corazones, todo ello dentro de un círculo. ¿Connotaciones esotéricas? Y qué decir de esos dos troncos de olmos centenarios que casi enmarcan el ábside.

Los enormes farallones de calizas mesozoicas que surcan ambos lados del río, fruto de la erosión constante de la fuerza del agua, dejan al descubierto enormes cuevas, grutas y simas, teñidas de colores óxidos rojizos que dan la sensación de ser gigantescos colosos durmientes sobre una fronda verdosa.

Adentrándonos ya en el cañón, dejando a un lado la Cueva Mayor (en cuyas paredes se pueden apreciar inscripciones neolíticas), siguiendo el curso del Lobos, cuyas aguas están pobladas de nenúfares y eneas,   lo más llamativo es la escasa cantidad de agua que lleva el río. Cabe recordar que en esta época del año, el río suele tener tramos secos debido a la escasez de lluvias en verano. Pero, no así deja de tener esas maravillosas pozas de agua cristalina cuajadas de flores de nenúfares, entre las cuales se pasean infinidad de pececillos y las ranas sestean al sol, y que invitan a una recreación sensorial y a un descanso en sus orillas bajo la sombra fiel de  alisos, sauces y chopos. Descansar en estos remansos de paz es todo un placer.

Hay varias rutas que se pueden seguir, nosotros tomamos el sendero que llega hasta el Puente de los Siete Ojos, y que está a 14 kilómetros, divisando en todo momento las altas cornisas escarpadas del cañón. Las rocas, las montañas y los árboles son elementos mágicos que siempre han ejercido una gran atracción para mí. Con lo cual, la seducción está asegurada.

Y otro de los grandes alicientes de este paraje, es que en todo momento están volando sobre nuestras cabezas decenas de buitres leonados y alimoches, cuyos nidos pueblan estos roquedales. No tuvimos tanta suerte divisando águilas, halcones y azores, que también habitan en este entorno. La fauna, la flora y la geología de este lugar se unen en una perfecta armonía para cautivarnos totalmente.

Al fin, llegamos a nuestro destino, el Puente de los Siete Ojos, y la vuelta de otros 14 kilómetros no se hizo nada pesada, más al contrario, conseguimos disfrutar todavía más de estos recónditos paisajes, deteniéndonos a refrescarnos en los innumerables tramos del río revoloteados por multitud de mariposas y libélulas, y contemplando con mayor detenimiento los enebros, esos árboles-arbustos con una madera aromática y cuyas bayas se utilizan desde tiempos inmemoriales para remediar no pocos males.

Nuestra última parada fue subir a las imponentes terrazas del cañón, desde donde se puede apreciar una magnifica panorámica de los inicios del cañón, ya al atardecer. Y la sensación fue de plenitud completa.

El Parque Natural del Cañón del Río Lobos, una explosión de paz y quietud que alimenta nuestra alma y enriquece nuestra vida. Si vivimos caminando dormidos, aquí lograremos despertarnos.




Cañón del Río Lobos. Soria
Tomada el 13 de agosto del 2012



Cañón del Río Lobos. Soria
Tomada el 13 de agosto del 2012


Cañón del Río Lobos. Soria
Tomada el 13 de agosto del 2012


Cañón del Río Lobos. Soria
Tomada el 13 de agosto del 2012



Cañón del Río Lobos. Soria
Tomada el 13 de agosto del 2012



Cañón del Río Lobos. Soria
Tomada el 13 de agosto del 2012


Cañón del Río Lobos. Soria
Tomada el 13 de agosto del 2012