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domingo, 20 de octubre de 2013

La magia de los árboles. Mi futura exposición

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Almazán

Es difícil describir la atracción apacible que los árboles han ejercido sobre mí en toda mi existencia. Bien patente queda demostrada su influencia en una gran parte de mi pintura desde mis más remotos comienzos. Pintar árboles es una pasión.  Más que eso, es una necesidad. Esos bosques otoñales cargados de mil colores rojizos y amarillentos, o aquellos otros colmados de un verde exuberante, con sus ramas dirigidas en mil direcciones, esos árboles solitarios elevándose hacia el cielo como en una plegaria, esos troncos huecos centenarios perdidos en la inmensidad, o aquellos otros retorcidos intentando dirigirse a alguna parte, hasta llegar a esos árboles desnudos cuyas siluetas se recortan en el horizonte distante del atardecer... todos han formado parte de mi paleta.


Pintar árboles es un honor. Recorrer con mis pinceles desde sus raíces sobresalientes hundiéndose en la madre tierra, subir por sus tallos leñosos cuajados de ramas que constituyen un auténtico alarde de ingeniería, y llegar a las copas más elevadas, es un verdadero deleite para los sentidos. No puedo prescindir de su presencia benefactora. Por eso los pinto, es imposible dejar de oír su llamada. La pintura es esencialmente un elogio de lo que se pinta.

No voy a hablar de su simbolismo ni de la importancia que para todas las culturas han tenido los árboles. Simplemente decir que sin ellos la Tierra sería algo muy triste y desolador. Su presencia protectora nos acompaña siempre.

Es por ello que mi próxima exposición estará dedicada a estos gigantes, emanadores de energía. En mi estudio empiezan a surgir bocetos y más bocetos, dibujo tras dibujo, perfilando sus elegantes estructuras, haciendo composiciones o simplemente evocando los momentos exactos en que esos árboles llegaron a mi vida. Cuando viajo, sus sugerentes figuras siempre forman parte del objetivo de mi cámara, y nunca faltan mi cuaderno y lapicero para delinear sus contornos más singulares, escogiendo esos modelos que llaman más mi atención.

Será una exposición impregnada de los colores envolventes de la naturaleza.  Los bosques conformaran una gran parte de ella, como asimismo los troncos envejecidos por el paso del tiempo, y por supuesto también los árboles solitarios en donde mi pigmento ocre ebelgarle dará forma a estos seres mágicos. Desde su tímida desnudez, hasta su manto más aristocrático. Sin olvidar la tierra donde se asientan, de una envoltura verde intensa, a la hojarasca pajiza o a la maleza cenicienta. Las diferentes estaciones marcan su ritmo.

Las primeras pinceladas están ya dando forma a esas telas que pacientemente esperan su turno de ser liberadas de su blanquecina tez.  Las ideas abriéndose camino de una forma fluida e inspiradora. Los primeros esbozos tomando cuerpo. El proyecto está en marcha. La obra continua.




El bosque encantado
Óleo sobre lienzo
1992


Paisaje en calma
Óleo sobre lienzo
2005

lunes, 7 de octubre de 2013

Un extenso trayecto recorrido

Eduardo Beltrán y García de Leániz  / Madrid

Los últimos diez años han pasado muy rápido, algo así como la sensación de un tren que pasa a toda velocidad por una estación sin detenerse. Algunos logros, muchas derrotas. Un viaje cargado de decepciones, escondidas entre las brumas constantes de la vida, la cual transcurre buscando las razones de ser, con la impotencia final que produce el delirio de no descubrirlas. A veces, pienso que la vida fluye como un tranquilo manantial, escaso de agua, pero reconfortante, otras, en cambio, la convierten en un mar enfurecido, colmado de agua, pero que lo inunda todo. Una vida, a veces trivial, y a veces única, pero que nunca te deja indiferente, y que te recuerda a cada momento que la fugacidad del tiempo es un hecho irrefutable. Constantemente volvemos los ojos, creo que de una forma inconsciente, e independientemente de la edad, a la fuerza y la juventud de un pasado no muy lejano. Sin embargo,  la conciencia de los límites que nos encierran nos devuelve a lo real rápidamente.

Toda profundización en la realidad requiere un estado de gran tensión psíquica, y también espiritual, algo a lo que nos estamos desacostumbrando, inmersos como estamos en un océano de dudas y crispación constante. Extraviados y en constante pugna por llegar a alguna parte.

Hay determinados periodos de tiempo en nuestra vida que siempre te dejan una huella más honda que otros, aparte de la inmensidad de lo vivido. Aunque hacer una mirada a nuestro pasado puede significar un indicio de decadencia, los primeros síntomas de un envejecimiento prematuro, el cansancio y el hastío de lo insustancial, no creo que esto pueda perjudicar en absoluto mi forma de entender las cosas. Con mi aptitud ausente y pensativa a la vez, he caminado estos años envuelto en un constante conflicto por llegar a alguna parte, y aunque en un principio parece que no lo he conseguido, nada más lejos de la realidad. Hace tiempo leí que el catador de belleza termina por encontrarla en todas partes. Simplemente compartir momentos de tu vida con determinadas personas, muy pocas personas,  te enriquecen de una forma definitiva y esencial. Experiencia y reflexión son dos buenos motivos que te dan sabiduría.

A veces te das cuenta sin querer, que lo que realmente merece la pena está más cerca de lo que pensamos. Y aunque vivimos en una sociedad que se comporta de una forma indiferente a las penas  y las esperanzas de los demás, en donde la intransigencia y la hipocresía ocupan lugares de honor, no por eso debemos dejarnos llevar por la desesperación. Buscar la sensatez en tiempos revueltos es ya una forma genial de hacer algo, alejándose lo más posible de las innumerables formas de ignorancia y egoísmo que nos rodean, así como de la mediocridad, que acampa a sus anchas a nuestro alrededor. Y, si al final, el caos lo inunda todo, lo mejor es empezar de nuevo. Nuestra sociedad necesita grandes dosis de creatividad e imaginación.

Es importante observar antes que juzgar, aunque muchas veces no se lleva a la práctica. Siempre se suele eligir el camino más fácil. A veces de tanto pensar, parece que la memoria me abandona. Envidio a los gatos, ellos siempre saben lo que hay que hacer.

Satisfacción de un camino bien hecho, unas vivencias ganadas y compartidas con el dolor que siempre acompaña  todo nuestro deambular, pero que te hacen crecer y ver que tu misión, tu reto, tu meta, tu ideal, como quieras llamarlo, va inexorablemente unido a nuestro entorno más inmediato, y por ende, a todos los demás.




Camino entre trigos de Castilla
Óleo sobre lienzo
1986



domingo, 15 de septiembre de 2013

Empezando una nueva aventura

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Después de un corto periodo de asimilación de nuevas ideas y perspectivas, un inédito proyecto empieza a cobrar vida de una manera desbordante en mi estudio. Cambios y más cambios empiezan a conformar un archipiélago de sensaciones diversas que van enmarcando el horizonte cercano.

A veces, un cierto aislamiento reflexivo se impone a una realidad brutal y embaucadora que nos aleja, si no somos conscientes, de la creatividad e imaginación que tiene que marcar cada paso que damos. Y aunque lamentablemente estos tiempos están caracterizados por una mediocridad manifiesta, siempre debemos elegir el camino opuesto, abriéndonos paso hacia nuestros objetivos.

Entrar de lleno en una nueva realidad se está convirtiendo en un deseo apasionante de llegar a una nueva meta, evocadora de otros tiempos,  y de seguro llena de experiencias únicas y enriquecedoras.



Empezando una nueva aventura
Septiembre de 2013



martes, 27 de agosto de 2013

"Almazán en el tiempo", mi última exposición

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

El pasado domingo día 18 de agosto clausuré mi exposición "Almazán en el tiempo". Han sido diez días intensos, que han supuesto un reencuentro con emociones y esencias ya olvidadas, un espacio ignorado durante mucho años y que ahora ha vuelto a cobrar vida con una fuerza inusitada. Vidas que retornan.

Esta exposición ha sido un autentico reto, pues desde que decidí el pasado mes de enero volver a coger los pinceles, la pintura se convirtió en una verdadera obsesión día y noche, intentando plasmar en las telas las ideas que fluían en mi mente. Almazán se convirtió en el modelo cortejado. Los primeros esbozos, los dibujos más cuidados después,  las primeras pinceladas de color, los lienzos casi acabados, han sido mis fieles compañeros durante estos últimos meses.

En un principio tenía proyectadas 35 obras para esta exposición. Al final se quedaron en 27, que completé con cuatro cuadros más que ya tenía pintados. Cinco cuadros, algunos emblemáticos de Almazán, se han quedado a medias, y están esperando a ser terminados en estos días. Entre ellos el Jesús Nazareno de Ebelgarle.

Mi pintura autodidacta se caracteriza por utilizar colores puros, de calidad,  intensos, muy raras veces mezclo los colores, por no decir nunca, me gusta imprimir a mis cuadros de limpieza y sencillez. Los pinceles, finos, finísimos, apenas un imperceptible haz de pelos. Otra particularidad es que nunca termino completamente mis cuadros.

La gran acogida y afluencia de público y critica ha supuesto un acicate importante de motivación, siendo además un encuentro agradable con viejos conocidos y amigos con los que intercambiar impresiones y vivencias. Volver a tus raíces siempre es una decisión acertada. La sala de exposiciones se convirtió en una especie de torre de Babel, donde el arte era el instrumento y el idioma común para la comunicación entre los visitantes, mientras se escuchaba de fondo a Mozart o a Bach.

Por lo que respecta a la sala,  San Vicente es un marco excepcional para acoger una exposición de pintura. Del siglo XII conserva su magnífico ábside decorado a base de arquillos bajo los cuales descansaban mis pinturas, que se extendían enteladas y en caballetes por ambos lados hasta llegar al fondo de la nave.

Para terminar, expresar mis más profundo agradecimiento a Nieves de la Oficina de Turismo, y a Delfín y José Ángel del Ayuntamiento de Almazán, por su ayuda y predisposición. Gracias también a todos aquellos que han creído en este proyecto, especialmente a Juan Diego.























sábado, 10 de agosto de 2013

Por fin, una nueva exposición

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Almazán

Hace ya años que no realizaba una exposición de pintura. La última fue en Madrid en 1998. Casi una eternidad. La idea de volver a pintar surgió inesperadamente hace unos meses, y que mejor tema y lugar que elegir a Almazán, la villa que me vio nacer y donde hice la primera exposición allá por el año 1977.


Han sido unos meses duros, llenos de momentos álgidos y otros más amargos. Sentimientos encontrados. Muchas, muchas horas dedicadas a estos lienzos, y muchas horas sin dormir. Pero, al final he llegado.

Dos días intensos montando la exposición, intentando dar un toque diferente al tratarse de un lugar tan especial.

Y ahora, encontrarme aquí, junto a mi obra, inmerso entre los muros de esta magnífica iglesia románica del siglo XII, que emana energía a raudales, es como flotar en un sueño. Un sueño real.

Dos días ya de mi exposición.



Un anticipo de la exposición



miércoles, 1 de mayo de 2013

El Musée d'Orsay en Madrid

Eduardo Beltrán y García de Leaniz / Madrid

No encuentro calificativo idóneo para describir la doble exhibición que ha organizado la Fundación Mapfre en Madrid. Me refiero a las exposiciones "Impresionistas y postimpresionistas" y "Luces de Bohemia". La primera reúne setenta y ocho obras maestras del Musée d'Orsay, representantes de la última época del impresionismo y el comienzo del postimpresionismo, de la cual comentaré en esta ocasión. En cuanto a la segunda, pretende establecer cierto parecido entre la bohemia gitana y la bohemia artística. En definitiva, un auténtico baño de arte en pleno centro de Madrid. 


La exposición "Impresionistas y postimpresionistas. El nacimiento del arte moderno" nos sumerge primeramente  en el inigualable mundo del cambio pictórico que supuso  la aparición en escena del movimiento impresionista, que acabó drásticamente con la forma de pintar y entender la pintura que existía hasta ese momento. Asimismo, significó también un cambio radical en la forma de interpretar el mundo, mirándolo de una manera diferente. Tan solo celebraron ocho exposiciones conjuntas como grupo, entre 1874 y 1886, año este último que puso de relieve sus diferencias y su crisis, evidenciándose la aparición de un nuevo movimiento innovador al que se llamó postimpresionismo, cuyos principales artífices son Cézanne, Van Goth y Gauguin.


Adentrándonos en la exposición, el magnetismo de las primeras obras expuestas de MonetDegas y Renoir es totalmente cautivador. Contemplar "Efecto de viento. Serie de los álamos" o "Estanque de nenúfares" de Claude Monet, "Las bañistas" o "Muchachas al piano" de Auguste Renoir, o "Bailarinas subiendo una escalera" de Edgar Degas, te transportan a una forma diferente de entender las cosas, a una estética exquisita de expresar el arte. Mención aparte las obras de Paul Cézanne, nexo de unión entre el impresionismo y el postimpresionismo, y que sería el padre de las primeras vanguardias, destacando entre las obras presentadas, "Bodegón con cebollas" y "Manzanas y naranjas".

Y llegar al espacio ocupado por las obras de Van Goth es como entrar en el paraíso. No puedo negar que Vincent Van Goth es mi pintor favorito, siempre lo ha sido. La intensa búsqueda pictórica de este genial pintor neerlandés está íntimamente ligada a su atormentada vida personal. La muestra recoge seis maravillosos trabajos del autor, incluido uno de sus 27 autorretratos. Las obras coinciden con su llegada a París y su estancia en Arlés, donde empezará a utilizar los colores intensos, como esas maravillosas "Coronas imperiales en un jarrón de cobre", flores cargadas de pigmentos, y que serían prolegómeno de lo que vendría después, con sus girasoles y sus lirios. 

En las salas contiguas, grandes trabajos de Toulouse-Lautrec, gran retratista de Montmartre, entre los que destacaría "Mujer con guantes" y "La payasa Cha-U-Kao";  de Paul Gauguin, en su etapa de Pont-Aven, con un magnífico lienzo "Campesinas bretonas"; y de Émile Bernard destacaría su obra "Bretonas con sombrillas".

Representantes del neoimpresionismo, con obras puntillistas, distinguiría a Camille Pisarro con su bellisima obra "Campesina haciéndo fuego", y  a Paul Signac con "El palacio de los Papas"

Finaliza el recorrido con una magnifica representación de la pintura nabis, movimiento que lleva a cabo una auténtica revolución estética, donde lo decorativo adquiere una gran importancia. Destacaría "El talismán", de Paul Sérusier"Bajo la lámpara" de Pierre Bonnard, y "Las musas" de Maurice Denis.

Contemplar estas obras maestras del Musée d'Orsay en Madrid es un autentico privilegio. Felicitar a la Fundación Mapfre y al Musée d'Orsay por tan excelente despliegue de arte. 





En el paseo
Cera sobre papel
1979




jueves, 2 de agosto de 2012

Impresionante Rafael

Eduardo Beltrán y García de Leániz  /  Madrid

Contemplar cualquier obra de Rafael siempre es un auténtico placer, y en el caso de la exposición que se puede admirar ahora en el Museo del Prado sobre ese magistral genio de la pintura, titulada "El último Rafael", cualquier elogio que pueda hacer se quedará sin duda pequeño. Por eso, la mejor forma de conocer esta magnífica obra, es observarla in situ, adentrarse en ese fascinante mundo del Renacimiento Italiano, en donde la belleza serena y equilibrada de los personajes plasmados por el maestro Rafael y sus discípulos  Giulio Romano y Gianfrancesco Penni, son la principal seña de identidad.

La muestra recoge la obra de los últimos siete años de la vida del pintor, en plena plenitud artística, y trata de delimitar en cierta manera los trabajos realizados por el maestro y los realizados por sus dos principales ayudantes de su taller, identificando el nivel de participación en las obras de cada uno de ellos. La fase creativa corresponde totalmente a Rafael, mientras que la ejecución de las obras está compartida con sus discípulos, debido a la gran cantidad de trabajo que tenía el maestro. No hay que olvidar que en esa época, Rafael junto a Miguel Ángel, eran los dos grandes pintores del momento, traduciéndose en innumerables encargos tanto por parte del Papado como de particulares. De ahí, la necesidad de Rafael de rodearse de ayudantes para colaborar en la ejecución de tan ingente número de obras.

Dividida en varias áreas temáticas, y en colaboración con el Museo del Louvre, la exposición recoge 74 trabajos, entre pinturas y dibujos, la mayoría inéditos en España. Destacan los cuadros de altar, los retratos y las Sagradas Familias. Mención aparte merece su última obra maestra: "La Transfiguración", cuyo original se encuentra en el Vaticano. La obra que podemos ver en la exposición es una magnífica copia realizada por sus discípulos Giulio Romano y Gianfranceco Penni, perteneciente al Museo del Prado. Esta pintura esta acompañada de un minucioso estudio con los dibujos preparatorios de Rafael, así como un estudio técnico de radiografías y refrectografías, que permiten comprobar cómo funcionaba el taller de Rafael.

Como siempre, quisiera acercarme más detenidamente a algunos de sus cuadros que me llamaron poderosamente la atención. En este sentido, en primer lugar destacaría "El Pasmo de Sicilia", una impresionante y compleja composición sobre el Camino al Calvario, donde la representación de Cristo Caído y de su Madre, uniendo sus miradas, denota la magistral complicidad de la Madre con el Hijo. Realmente sublime.

Por lo que respecta al "Retrato de Baltasar Castiglione", una imagen serena y natural de un íntimo amigo del artista, distinguiría esa armonía de luz y color de la pintura, cuya contemplación produce una sensación de serenidad poco habitual en este tipo de retratos, a veces sobrecargados de afectación. También el dominio del claroscuro en su "Autorretrato con Giulio Romano", en el que se aprecia la especial relación paternofilial con el discípulo.

"La Virgen de la Rosa", "La Perla", "San Miguel grande", "Santa Cecilia",...en fin, podría seguir enumerando obras maestras que sobrecogen con su sola contemplación.

Rafael ha sido uno de los pintores que más influencia ha tenido en la Historia de la Pintura hasta mediados del siglo XIX. Esta exposición es una oportunidad única de adentrarse en un espacio de los sentidos en donde la belleza inigualable entroniza sus dominios. Recomiendo encarecidamente su visita.



Emigrante
Óleo sobre lienzo
1986

lunes, 18 de junio de 2012

Hopper, el pintor de la melancolía


Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Es uno de mis pintores favoritos. Tener la oportunidad de contemplar en Madrid esta magnífica  exposición de Edward Hopper es un auténtico lujo. Es la primera vez que puede admirarse en Europa una exposición tan completa del genial pintor norteamericano. Fuera de Estados Unidos nunca se ha podido ver una obra de Hopper de tal magnitud. Gracias al Museo Thyssen-Bornemisza los españoles podemos admirar todo el esplendor de este artista de la melancolía en 73 obras.

Nacido en Nyack, una pequeña villa a orillas del río Hudson, Hopper empezó a dedicar su vida al mundo de la pintura, en la cual encontró el medio de expresar magistralmente las variables luces del día, y plasmarlas en sus obras. Para mí, la luz es una de las características más sobresalientes del pintor. Es increíble el efecto que las luces cambiantes tienen en sus trabajos, resaltando detalles que ya de lejos percibes con claridad. Pienso que esas pinceladas de luz son las que dan el toque mágico que desprenden todas sus obras. Sus personajes son esenciales, son imágenes de personas que pasan en ese momento, son personas que denotan soledad, melancolía, y que quedan grabadas en la memoria de los que las contemplamos de una forma natural. Hopper es un creador de escenas.

Es un pintor de la cultura genuina norteamericana, a la cual dedica la totalidad de su obra. Esa sociedad americana de la época, un tanto provinciana, que tanto le recuerda a su pueblo natal. Sus temas favoritos son los objetos más cotidianos, las casas de ladrillos, las vías del tren, estaciones de gasolina, pero sobre todo destacaría sus personajes solitarios, sobre todo mujeres, absortos en habitaciones vacías en donde todo lo superfluo queda relegado, y el tiempo se detiene sin prisas. Sus desnudos femeninos tienen la fuerza de un erotismo emotivo más que sensual. Sólo pinta lo esencial. Era un pintor solitario, quizá por eso la soledad fue un tema importante en su pintura. A pesar de estar asentado en Nueva York, jamás plasmó en sus lienzos los rascacielos de la ciudad.

Otra de sus características, fue el tiempo que dedicada a cada obra. Tardaba mucho tiempo en pintar sus cuadros, y con una técnica depurada, iniciaba un proceso creativo lento que imprimía a sus escenas pictóricas de un halo fantástico de realidad asombrosa que calan en la memoria colectiva universal.

En cuanto a la soledad de sus personajes, destacaría "Habitación de hotel", una obra magistral en donde la protagonista no se sabe si está leyendo o tiene la mirada perdida en un punto. También "Hotel junto al ferrocarril" y "Mañana en una ciudad". En cuanto a paisajes destacaría "La casa de los Abbot", "Árbol seco y vista lateral de la casa Lombard" y "The Camel´s Hump".

Mención aparte haría de "Casa junto a la vía del tren", la famosa casa que copió Hitchcock para su  película "Psicosis", convirtiéndola en el Motel Bates, casa que transmitía a la perfección su inquietante destino. En este sentido, decir que la obra de Hopper transmite un cierto aire cinematográfico a sus escenas y a sus personajes, motivo por el cual, muchos cineastas copiaron algunas de sus obras para plasmarlas en sus películas. Al final de la misma exposición, podemos ver una recreación cinematográfica de su obra "Sol de la mañana", ejecutada por el cineasta Ed Lachman, en la que los propios visitantes pueden tomar parte.

Con su espléndida obra "Dos cómicos" (1966), que están representados por el propio Hopper y su esposa, se cierra el último capítulo de su gran escenografía. Es como una despedida de escena. Fue su última gran obra. Hopper murió unos meses más tarde.

Terminaré resaltando los magnificas acuarelas y grabados del autor. Son realmente unos trabajos exquisitos, bellísimos, llenos de vida, con una técnica sumamente depurada, y que muestran la faceta de gran dibujante de Hopper.

Edward Hopper, posiblemente el mejor pintor de Estados Unidos del siglo XX, que supo captar como pocos la esencia de esa sociedad norteamericana del momento. Una exposición que nadie debería perderse.




Autoretrato
Óleo sobre lienzo
1977

martes, 17 de abril de 2012

Los sueños y el color en Marc Chagall

Eduardo Beltrán y García de Leániz  /  Madrid

Una de las exposiciones estrella de esta temporada la podemos contemplar en Madrid, es la dedicada al pintor  bielorruso Marc Chagall. La retrospectiva incluye una doble exposición, dividida en dos partes. La primera parte la podemos ver en el museo Thyssen-Bornemisza, que corresponde a la obra realizada durante la primera mitad de su vida y su primer periodo en París. La segunda se encuentra en la Fundación Caja Madrid, y corresponde al periodo americano y su evolución artística posterior.

En esta ocasión me centraré en la exposición de la Fundación Caja Madrid, titulada "El gran juego del color". La larga e intensa vida de Chagall, vivió 98 años, le permitió conocer de primera mano muchos de los acontecimientos del agitado siglo XX, que indudablemente influyeron en su obra. La Revolución Rusa de 1917, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial supusieron cambios drásticos y constantes de domicilio para este pintor ruso judío.

Al observar la obra de Chagall, me llamó la atención la constante aparición, en gran parte de sus cuadros, de personajes fetiches, como son el gallo, la vaca, la cabra y las parejas de enamorados, ya sea como personajes centrales o secundarios. Asimismo, los instrumentos musicales, sobre todo violines, son parte importante de su obra, como los temas bíblicos. Es un pintor de sueños, con una imaginación desbordante, que recrea un mundo imaginario y al mismo tiempo realista, donde sus mágicos personajes son los protagonistas absolutos, ocupando el centro de todos sus trabajos, lo que atrae la mirada expectante del observador. Otra de sus características más relevantes es la fuerza de un color desenfrenado en todas sus composiciones, un color que a veces puede resultar agresivo, pero que nunca te deja indiferente. De ahí, la originalidad de la obra de Chagall, que se aparta de todas las escuelas del momento.

Entrando a la exposición, mi mirada se vuelve, como dirigida, hacia un panel central donde se expone La guerra (1964-1966), pintura donde se puede apreciar los desastres que causa una guerra, y lo que la hace especial, desde mi punto de vista, es el colorido tenue y matizado de blancos, grises y azules con un toque de colores rojizos y amarillos para dramatizar la escena.

Con todo, su obra es un canto al amor, iluminado por una mezcla brillante de colores que inundan toda su pintura. Como el mismo pintor diría "...el color del amor". Los amantes es un tema recurrente en él. Destacaría "Los amantes en el poste" (1951?), una pintura onírica con mucha fuerza y gran simbolismo.
Me detuve también especialmente en otras dos pinturas, "La danza" (1950-1952) y "El circo azul" (1950-1952), que creo resumen muy bien la trayectoria seguida por este artista.

Chagall, ya desde niño en su pueblo natal, sintió una profunda atracción por el mundo de los animales y las gentes del circo. Y esto queda bien reflejado en toda su obra. 

Una mención especial merece la serie dedicada al mundo del circo, muy bien representado en esta exposición con un numeroso conjunto de obras dedicadas a cantar las excelencias de la gente circense, especialmente los payasos, los equilibristas y los animales, donde el autor despliega todo una batería de vibrantes colores para expresar el mundo fantástico y mágico del circo. Señalaría "Amazona blanca con payaso" (1965) y "El circo rojo" (1956-1960).

No quisiera terminar sin mencionar las dos excelentes series de litografías para libros, dedicadas a los cuentos de "Las mil y una noches" y "Dafnis y Cloe", donde los tonos azulados, verdosos y anaranjados son una auténtica delicia.

En definitiva, una excelente exposición de visita obligada, para dejar volar nuestra imaginación y que nuestros sentidos se empapen de cromáticas ilusiones. 





El paso del tiempo
Óleo sobre lienzo
1986


sábado, 18 de febrero de 2012

La fantasía de Giovanni Domenico Tiepolo

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Se está exhibiendo estos días en Madrid una interesante exposición en la Fundación Juan March, que ofrece una selecta muestra de formato reducido de diez obras del magnífico pintor y grabador veneciano Giovanni Domenico Tiepolo. Me refiero a la exposición "Giandomenico Tiepolo (1727-1804). Diez retratos de fantasía".

Giandomenico fue hijo del genial Giambattista Tiepolo, y hermano del también pintor Lorenzo Tiepolo, los cuales formaban un gran saga de pintores venecianos en el siglo XVIII. Mientras que Giambattista es considerado como el último gran representante del barroco italiano, Giandomenico fue un pintor del rococó, aunque al final de su vida se observa una tímida transición a las nuevas tendencias neoclásicas.

Las diez obras que podemos contemplar en esta muestra, todas ellas de un mismo tamaño (50 x 60), parecen formar parte de una misma serie, y representan los retratos de medio cuerpo de dos hombres y ocho mujeres, todos ellos recreados en un estilo propio de representar ciertos atributos o cualidades, más que de retratos propiamente dichos de personas concretas.

Es de señalar que  la época de ejecución de estas pinturas correspondería a la estancia del pintor en la corte española de Carlos III, a la cual se trasladó junto a su padre y hermano, para llevar a cabo los impresionantes trabajos de decoración de los techos de los salones del Palacio Real de Madrid. En este sentido, destacar el monumental fresco de la bóveda del Salón del Trono que representa "La grandeza y el poder de la Monarquía Española". Giandomenico estuvo en España de 1762 hasta 1770, fecha del fallecimiento de su padre, tras lo cual regresó a Venecia.

A pesar de ser una exposición reducida, lo inédito de ella consiste precisamente en el hecho de ser la primera vez que se muestran al público estas pinturas, siendo obras poco conocidas procedentes de una colección privada. Destacar que los dos personajes masculinos de la muestra nos ofrecen una imagen de sabiduría y madurez, con cierto aire oriental,  propia de  hombres prudentes y doctos, mientras que los ocho personajes femeninos nos deleitan con una inocente y sensual dulzura tratando de simbolizar el ideal de la belleza femenina. Es un tipo de pintura que hace recordar en cierta manera al estilo retratístico de Rembrandt. Es una excelente ocasión para contemplar estos enigmáticos trabajos de un pintor que hizo de la imagen su auténtica pasión.





En otoño

martes, 27 de diciembre de 2011

La arquitectura en el arte

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

La oferta cultural en Madrid siempre es formidable, y en lo que se refiere a grandes exposiciones tenemos la oportunidad de apreciar en estos día el arte de importantes pintores universales. En este caso me referiré a la de "Arquitecturas Pintadas, del Renacimiento al siglo XVIII", exposición que está organizada en dos partes. La primera tiene lugar en el Museo Thyssen-Bornemisza, que abarca las pinturas desde el Renacimiento hasta el siglo XVII, y la segunda en la Fundación Caja Madrid que contempla las obras del siglo XVIII.

Expondré en este momento las obras del siglo XVIII de la Fundación Caja Madrid. Siempre he sido un admirador de las pinturas temáticas de representaciones arquitectónicas, composiciones de todas las épocas que nos delatan el valor histórico y social del momento representado en cada cuadro. La Sala de Exposiciones de Fundación Caja Madrid, conocida como Casa de las Alhajas, es perfecta para exhibir una colección de esta índole, dándole el realce que exige una muestra como esta. Entrando en la sala de la planta baja, todas las miradas se dirigen al fondo, donde en el centro destaca el magnifico trabajo de Canaletto  "La Plaza de San Marco de Venecia", una vista realmente sorprendente de esta plaza, donde el colorido y la minuciosidad de sus detalles nos trasladan a la Venecia del siglo XVIII.

Esta planta baja, así como la planta primera, están dedicadas a las ciudades y arquitecturas europeas, presentadas como "Las ciudades del Grand Tour". Es un conjunto de vistas de ciudades europeas, sobre todo italianas, donde se puede apreciar la moda de la época por las pinturas que representaban sus monumentos más representativos. Destacar las vistas de Venecia, Roma, Florencia y Nápoles, siendo Gaspar van Wittel un iniciador en este tipo de pintura, entre cuyas obras  sobresale la "Piazza Navona".  Muy interesantes son las representaciones del Madrid dieciochesco, destacaría "Vista de la calle de Alcalá en Madrid", de Antonio Joli.También vistas de ciudades como Madrid, París, Viena y Londres.

Pero si hay un artista por el que siento profunda pasión, ese es Bernardo Bellotto. Cualquiera de sus obras que podemos contemplar en esta exposición son sencillamente maravillosas. El colorido, la luz, la temática arquitectónica escogida, la fuerza de sus pinceladas,... están llenas de una magia que te envuelve suavemente y hace de su contemplación un auténtico placer para los sentidos. La fuerza del color en sus obras es prácticamente inmejorable. Obras como "La Piazza della Signoria en Florencia", "Santa María d'Aracoeli y el Capitolio en Roma", "Capricho con puente" o "Capricho romano con el Coliseo" son fiel testimonio de su buen hacer en el arte pictórico.

Buena representación también de los pintores Giovanni Paolo Panini, Hubert Robert, Francesco Guardi, Michele Marieschi, Piranesi, Marco Ricci. Se pueden contemplar asimismo obras de una de las grandes pasiones de los eruditos de esa época, como fue la arqueología. De ahí, uno de los temas de la exposición: La Poética de las Ruinas y La Ruina y la Memoria. Ruinas que asemejan grandes decorados clásicos en los que el mundo antiguo cobra especial protagonismo con unos efectos impactantes a los ojos de los visitantes.

Exposición que no hay que perderse, para percibir el sentimiento de unos artistas que en su momento fueron referentes de la cultura europea, y hoy en día son maestros universales.



Paseo de La Ronda. Almazán
Ebelgarle
Óleo sobre lienzo
1982

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El arte de los zares de Rusia llega a Madrid

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

No tengo palabras para describir la magnífica exposición El Hermitage en el Prado, una exposición única y extraordinaria en todos los sentidos, siendo la primera vez que se pueden contemplar fuera de Rusia tan importantes y numerosas obras de este prestigioso museo de San Petersburgo, considerado uno de los mejores del mundo, tanto en cantidad como en calidad. Y gracias al Prado tenemos la oportunidad de pasear por unas salas cargadas de historia del arte, que abarca desde el siglo IV a. C. hasta el siglo XX, admirando pinturas, dibujos, esculturas, orfebrería, artes decorativas, trajes de corte...

Siempre he dicho que la cultura es la única que puede salvar a Europa. Y en esta ocasión podemos ver en el Prado todo una realización de cultura colosal que sólo el arte puede alcanzar, materializándose  en una satisfacción visual que arrebata nuestros sentidos.

La colección está perfectamente estructurada en varios espacios con un montaje excelente, comenzando la exposición con un espléndido despliegue retratístico en fondo amarillo de los zares Pedro I el Grande, su nieta política Catalina la Grande y el nieto de ésta Nicolás I, de cuyas colecciones provienen la mayoría de los fondos del Hermitage. Siguiendo con una magnífica colección de vistas de San Petersburgo del pintor Benjamín Patersson, donde se nos muestra la ciudad creada por Pedro I el Grande en todo su esplendor a punto de cumplir cien años desde su fundación en 1703.

Pasar a la oscuridad de la sala  del Oro de los Nómadas de Eurasia y el Oro de los Griegos es un perfecto deleite para los sentidos en donde se puede comprobar el magnetismo y el poder que este metal ha ejercido a lo largo de los siglos en las diversas civilizaciones. Son realmente admirables las piezas expuestas del oro de Siberia, pertenecientes a la Colección Siberiana de Pedro I, el oro de los antiguos nómadas escitas de Eurasia. La delicadeza y perfección de estos trabajos de orfebrería es asombrosa, entre los que destacaría una pieza única, el "Peine con escena de batalla", del cual hay varias hipótesis interesantes sobre la escena que representa; asimismo los torques y broches de estilo animalístico, como la phalera y los brazaletes no tienen comparación.

Por lo que respecta al oro de los griegos, muchas de cuyas piezas proceden de las excavaciones llevadas a cabo en el siglo XVIII en la zona septentrional del Mar Negro, tienen una gran importancia artística e histórica. Destacaría entre ellas, la lujosamente decorada "Diadema con nudo de Hércules", de oro, granates almandinos, cristal y esmalte. La reina Doña Sofía dedicó especial atención a esta pieza cuando inauguró la exposición. Igualmente sobresalen "Torque con jinetes escitas", y el "Colgante con cabeza de Atenea Partenos", medallón que muestra la cabeza de la diosa Atenea  Partenos, siendo la representación más antigua que se conoce de la escultura que Fidias realizó para el Partenón de Atenas.

En cuanto a pintura, no tengo adjetivos para explicar semejante muestra de obras maestras. Las paredes de la sala de pinturas, esculturas y dibujos de los siglos XVI y XVII, se tornan en color rojo para dar cabida a un intenso recorrido por la historia del mejor arte. Señalar las dos pinturas sobre San Sebastián, una de Tiziano Vecellio, en donde el santo va emergiendo de la oscuridad, ideada en principio para medio cuerpo, al que luego el pintor añadió un nuevo fragmento de lienzo para pintarla de cuerpo entero; y el "San Sebastián curado por las santas mujeres", de José de Ribera, en la que destaca el perfecto cuerpo desnudo del santo y la hermosa cabeza de Santa Irene. Y si hay un cuadro que llama poderosamente la atención, ese es el "Tañedor de laúd", de Caravaggio, una de las pinturas más famosas del Hermitage, donde la sensualidad del joven representado parece que nos está transmitiendo la música que interpreta, y el bodegón de flores y frutas en la parte izquierda nos da una sensación de proximidad.

Sobresalen los cuadros de Veronés "La lamentación sobre el cuerpo de Cristo muerto"; El Greco "San Pedro y San Pablo";  Velázquez "El Almuerzo"; Antonio Pereda "Bodegón"; Mengs "Perseo y Andrómeda".

Mención aparte merecen los representantes de la pintura flamenca y holandesa del siglo XVII, encabezados por Rubens con su maravilloso "Paisaje con un carro de piedras"; Rembrandt con "Caída de Hamán"; Frans Hals con "Retrato de Hombre"; Van Dick con "Henry Danvers, conde de Danby"; Paulus Potter "El perro guardián". Y una de mis obras favoritas es un dibujo a lápiz, tinta y aguada de Jan Brueghel el Viejo "Paisaje invernal con patinadores", francamente fascinante.

También me gustaría significar otra de mis pinturas favoritas, "La Kreuzkirche en Dresde" de Bernardo Belloto,  y "Los atributos de las Artes y la recompensa que se les conceden" de Chardin.

En escultura, la terracota de Bernini "El éxtasis de Santa Teresa" derrocha una elaboración exquisita. Y las esculturas "Cabeza del genio de la muerte" y "La Magdalena penitente" de Antonio Canova son la culminación de la belleza expresiva ideal.

También hay una buena muestra de arte representativo de los siglos XIX y XX, que se presenta en una sala en la parte superior del Prado. Estas obras se fueron adquiriendo a partir de la Revolución de 1917, y muchas proceden de colecciones privadas. Se pueden contemplar cuadros de Picasso, Gaugain, Matisse, Renoir, Cézanne, Derain, Ingres, Van Dongen, Morandi...Me gusto mucho la pintura de Caspar David Friedrich "Amanecer en las montañas", una composición magistral muy simbólica que nos sugiere la existencia de un mundo infinito y eterno a través de las cadenas montañosas que se suceden al fondo del paisaje. Y para terminar la exposición, uno de los cuadros más significativos de Kandinsky "Composición VI".

Una gran selección también de las artes decorativas de Oriente y Occidente. Como representante de las joyas europeas destacaría el "Ramo de acianos con espigas de avena en un jarrón" de la casa Fabergé. Muy interesante es un pinjante de cuarzo que perteneció al pirata Francis Drake, como también el "Pinjante con una carabela" de esmeraldas, español del siglo XVI. Y en cuanto a la orfebrería oriental la maravillosa "Horquilla grande con paisaje" de la dinastia Ming, o la exquisita "Caja en forma de cesta" que perteneció a Catalina la Grande.

Terminaré agradeciendo el importante intercambio entre el Museo del Prado y el Museo Estatal del Hermitage, que nos permite ver una deslumbrante exposición, única en todos los aspectos, y que seguro sera una de las más visitadas. Puntualizar que el Prado también llevo sus tesoros al Hermitage de febrero a mayo de este año, y decir que esa exposición El Prado en el Hermitage fue la más vista de la historia del museo ruso. Exposiciones ambas que se han convertido en un acontecimiento a nivel mundial.



El tiempo que pasa
Óleo sobre lienzo
1987





miércoles, 23 de noviembre de 2011

El dramático y cromático romanticismo. Delacroix (1798-1863)

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Si  hay algo que quisiera destacar de esta exposición del gran artista francés Eugene Delacroix que se está mostranto en Caixaforum de Madrid,  es el punto dramático y exótico que envuelve su obras, expresando una gran intensidad emocional, que junto al profundo colorido de sus pinceladas evocan las percepciones propias de un pintor romántico tocado de plano por la sensibilidad imperante en la primera mitad del siglo XIX.

Poner de relieve también, la sensación de movimiento y vitalidad que transmiten sus obras, creando una atmósfera que nos traslada a escenarios históricos de la época. Delacroix iba contra las normas establecidas por el neoclasicismo vigente en ese momento, intentando una renovación de la pintura a través de una gran libertad expresiva. Sus grandes composiciones de tema histórico son una buena prueba de ello.

La exposición reúne una buena muestra de su obra, desde cuadros de gran formato hasta acuarelas, grabados, litografías y dibujos, haciendo un recorrido por las diferentes etapas de su creación desde sus inicios hasta su periodo de madurez. Se echan en falta alguna de sus grandes creaciones, como "La libertad guiando al pueblo", "La matanza de Quíos" o "La muerte de Sardanápalo". En general, es una magnífica exposición para uno de los grandes pintores románticos del primer tercio del siglo XIX.

Delacroix era un gran admirador del poeta inglés Lord Byron, cuyas ideas calaron pronto en el pintor. De aquí surgirán sus grandes obras inspiradas en el drama de Grecia. En la exposición podemos contemplar la maravillosa pintura de "Grecia expirando sobre las ruinas de Missolonghi", un cuadro alegórico sobre Grecia, en el que se puede apreciar la gran belleza de Grecia simbolizada en una mujer luchando contra el poder otomano.

Asimismo, podemos contemplar un estudio para la "Masacre de Quíos", en el cual ya se pueden observar los rasgos característicos que compondrán la gran obra posterior del pintor, al igual que el estudio de   "Retrato de mujer vieja" que aparecerá en el cuadro. Gran óleo que no hay que perderse cuando se visite el Louvre.

En esta presentación se puede admirar también, el boceto al óleo de "La muerte de Sardanápalo", procedente del Museo del Louvre. Decir que Delacroix realizo varios estudios parciales antes de pintar esa gran obra que se exhibe en el Louvre. Recomiendo encarecidamente que cuando se visite este museo parisino nos detengamos a contemplar el magnífico despliegue escenográfico de "La muerte de Sardanápalo", donde el color y el dramatismo adquieren tintes sublimes.

En su viaje al Norte de África en 1832 descubre la luz y el color de estos paisajes, así como la sensualidad de sus gentes, todo lo cual quedará patente en las numerosas obras que el artista realizó bajo la influencia e inspiración  de estas tierras. Sensacional el cuadro "Mujeres de Argel en sus habitaciones", donde los colores rojos y verdes ocupan un lugar protagonista, logrando captar el ambiente que se respiraba en esos harenes musulmanes gracias a que a su llegada a Argel consiguió entrar de forma secreta en uno de ellos. Señalar igualmente "La boda judía en Marruecos" y "El caíd, jefe marroquí".

Delacroix fue un gran pintor de animales, sobre todo de caballos, de los cuales hay una buena muestra en esta exposición, consiguiendo plasmar toda la belleza y nerviosismo propios de estos magníficos cuadrúpedos. Espléndido el esbozo "La caza de los leones" del Musée D'Orsay.

Escena estremecedora la de "El naufragio de Don Juan", en la que la desesperación de los supervivientes  es patente, echándose a suerte quién será la victima que dará de comer a sus compañeros.

En cuanto a retratos, hay que detenerse en el "Retrato de Loius-Auguste Schwiter", de la National Gallery de Londres, un retrato realmente exquisito, en el que el pintor logró detener el paso del tiempo en la expresión del retratado. Magnífico. Además está  "Autorretrato con chaleco verde",  excelente interpretación del temperamento indomable del autor.

En definitiva, una gran retrospectiva de un pintor, del que muchas de sus obras se han convertido en referentes de nuestra cultura europea y universal, y que tenemos la oportunidad de ver en esta extraordinaria exposición, la más completa de Delacroix desde la organizada en el Museo del Louvre en 1963.

Terminaré con unas palabras que escribió Delacroix en respuesta a Baudelaire: "Me tratáis como solamente se trata a los grandes muertos".




Francesillas
Óleo sobre lienzo
1986

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Antonio López: lo sublime hecho realidad

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Madrid

Si tuviera que describir la Exposición de Antonio López en el Museo Thyssen con una sola palabra la calificaría de sublime. Un genio de la pintura contemporánea al alcance de nuestros sentidos, los cuales se sienten desbordados ante tanta creatividad y talento.

Las pinturas, los dibujos y las esculturas que se exhiben son fiel reflejo de un alma enamorada de la vida, recreando el tema insistente en su creación como es la figura humana. La exposición se encuentra divida en dos etapas correspondientes al trabajo de las últimas décadas y una retrospectiva desde sus orígenes.

Destacar en esa primera parte, además de la figura humana, los temas de la ciudad de Madrid y el árbol, los cuales han sido constantes en estos últimos años, llevándolos a su máxima expresión hasta plasmar la esencia misma del objeto.

Destacar como una característica muy especial de la pintura de Antonio López el hecho de interrumpir el trabajo de sus obras y reanudarlo un tiempo después, ya que percibe la realidad como un proceso tranquilo y susceptible de cambios. Quizás a esta particularidad se deba ese acabado o no acabado extraordinario de sus obras que las hacen incomparables. En las propias palabras de López: "una obra nunca se acaba, sino que se llega al límite de las propias posibilidades".

El realismo insuperable que hace gala en sus obras tiene la capacidad de implicar al espectador y hacerlo sentir partícipe de sus emociones. Un realismo que es imposible vincular al realismo o hiperrealismo vigente en la actualidad tanto en Europa como en Estados Unidos.

Por lo que se refiere a las vistas de Madrid, es realmente impresionante Madrid desde la torre de bomberos de Vallecas (1990 - 2006) que da la impresión de ser una maqueta, o Madrid desde Capitán Haya (1987 - 1996), una de mis favoritas.

Mención aparte son los cuadros cuyo tema es la Gran Vía madrileña. La obra Gran Vía (1974 - 1981), da comienzo a una serie de obras con los edificios de la Gran Vía como protagonistas con esa unificación de luz y color únicos que confieren a los trabajos un halo de "irrealidad" muy real. Me fascina Gran Vía, 1 de agosto, 13:45 horas (2010 - 2011).

También destacaría entre mis favoritos Nevera nueva (1991 - 1994) y Terraza de Lucio (1962 - 1990), verdaderamente admirables.

Por lo que respecta a la escultura, sin palabras ante Hombre y mujer (1968 - 1994). Aunque este grupo escultórico ya lo había visto en una exposición en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en 2001, la contemplación actual de la obra me produjo una sensación de sosiego y meditación. Ver como estas figuras talladas en madera de abedul conseguían atraer toda mi atención me recordaba a una sensación parecida que tuve al contemplar algunas esculturas egipcias en el Museo Egipcio de El Cairo.

Es interesante señalar la desproporción entre la figura masculina y la femenina, huyendo del canon de las proporciones humanas.

También me gustaría resaltar los espléndidos dibujos de su serie de los membrilleros, con esa maraña de líneas y planos superpuestos que denotan la maestría de una técnica de enorme complejidad.

La segunda parte de la exposición se centra en una mirada retrospectiva de su obra desde sus inicios en donde lo mágico y simbólico tiene un papel fundamental, hasta finales de los años 60 en donde la objetividad cobra su máximo protagonismo.

Gran parte de estas obras ya las había contemplado en su exposición antológica de 1993 en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de la que destacaría los retratos familiares y Taza de váter y ventana (1968 - 1971).

Felicitar gratamente al Museo Thyssen por esta gran exposición que nos ha posibilitado la oportunidad de ver a uno de los grandes pintores de nuestros días.



Segador
Cera sobre papel
1979